Consejos para ligar

Saludos, mujeres ávidas de que os digan obscenidades por la calle. Hoy me quito la mordaza para lamentar la forma de actuar de algunos especímenes de mi mismo sexo.

 

Artículo publicado en eldiario.es

 

Consejos para ligar (así no)

Sucedió hace unas semanas en la terraza de un bar cerca de mi oficina. Igual me repito con el escenario, pero qué queréis, paso tantas horas en el curro que es inevitable: ya me gustaría a mí contaros anécdotas del viaje alrededor del mundo en velero, pero la recuperación de Rajoy no ha pasado por aquí todavía. O me pilló despistado.

La terraza da a una estrecha carretera secundaria de doble sentido, con poco tráfico. Yo casi había terminado con mi tostada e intentaba que uno de los gorriones que acuden siempre a picotear lo que se cae de las mesas accediera a comer migas de pan directamente de mi mano. Es difícil, pero a veces algún valiente se atreve. Este no era de esos: daba dos saltitos hacia mi mano, y cuando estaba a punto reculaba.

En esas escuché un sonoro piropo estilo personaje de José Mota: «¡Yeeeee!». Te iba a hacer esto y lo otro. La destinataria del romántico requiebro era una chica que paseaba a un perrillo no mucho más grande que mi gorrión, y el Casanova de turno, un jardinero que conducía una destartalada furgoneta a la que se le iba la vida por el tubo de escape.

Redujo la velocidad para poder hablar con la chica. Ella venía desde mi izquierda, por la acera del otro lado de la carretera, y él iba conduciendo en dirección opuesta, solo.

El hecho de que fuera solo lo empeora. No lo justifico, ni mucho menos, pero creo entender el proceso mental que sufren estos machotes cuando van en grupo: se animan unos a otros, compiten por ver a quién le gustan más las mujeres… Es lo mismo que con el fútbol o las arengas políticas, la gente se comporta en la masa como nunca lo haría en solitario.

El jardinero llegó a tocar levemente el claxon, tratando de llamar la atención de la chica. Ella hizo como que no escuchaba, mirando al frente, y ahí debería haber quedado la cosa, pero nuestro don Juan no estaba dispuesto a rendirse. Unos pocos metros más adelante terminaba la carretera, y allí que cambió de sentido y volvió para ponerse a la altura de su víctima, con la ventanilla bajada y circulando por el carril contrario (!) para estar más cerca de ella. La furgoneta iba en primera, al paso de la chica, que intentaba acelerar, ya visiblemente incómoda, pero las minúsculas patitas del perro no daban más de sí, tiquitiquitiquitiqui, qué le pasa hoy a mi dueña, me ha debido de confundir con un galgo.

El impresentable este, mientras trataba de entablar «conversación» medio sacando la cabeza por la ventanilla, alternaba la vista de la chica a la carretera, no fuera a ser que le viniera alguien de frente, que la seguridad es lo primero.

Miré a mi alrededor. Nadie parecía preocupado. Es verdad que el resto de mesas de la terraza estaban ocupadas por guiris, la inmensa mayoría de los cuales no conocen más de media docena de palabras en español, «sangría» y otras cuantas, aunque lleven aquí viviendo 15 años, así que como para entender el acento amurcianao del jardinero del sudeste español en pleno ritual de cortejo. Pero el lenguaje corporal es universal, y cualquiera podía entender lo que estaba pasando. Sin embargo, seguían conversando o con la vista fija en el plato (beicon, judías, huevos, tostadas de pan bimbo, zumo de bote y café con leche —6 euros— a las diez de la mañana; sudaban cada vez que se llevaban el tenedor a la boca).

El jardinero, frustrado, se despidió con un «¡estúpida!» y salió zumbando a todo lo que daba la furgoneta, lo menos 30 kilómetros por hora.

Todo esto que os cuento ocurrió en realidad en pocos segundos, pero fueron suficientes para ponerme en la piel de la chica y hacerme sentir incómodo a mí también. ¿Cuántas veces tendría que aguantar ese tipo de situaciones? Y eso había sucedido a pleno día frente a una terraza llena de gente, pero…

En ocasiones necesito pasear por sitios solitarios de noche, salir a jugar con las estrellas, como dice la canción que os voy a poner al final. Pero si fuera mujer, ¿podría seguir haciéndolo, o tendría que ir con miedo? No quiero ni pensar que me quitaran ese derecho, qué horror.

 

Han visto demasiadas películas (porno)

No entiendo esa manera de actuar, ya os digo, ni siquiera explicable en este caso por el afán de impresionar a los colegas. ¿Qué tenía este tío en la cabeza? ¿Qué esperaba que ocurriera? ¿Que la chica, ante la irresistible atracción de su labia unida a un físico tipo Super Mario, cayera rendida a sus pies? ¿Qué se metiera en la furgoneta rogándole desesperadamente que la llevara a un lugar apartado para hacerla sentirse como una mujer de verdad por primera vez? ¿Qué le diera su número de teléfono para concertar un encuentro de sexo salvaje esa tarde con dos amigas y el perrito?

Quizá lo que pasa es que este tipo de gente ha visto demasiadas de esas películas en las que un ama de casa aburrida y cachonda le pide al jardinero fiel que le riegue el seto. Pero, colega, ¿no entiendes el significado de la palabra «ficción»? Y ¿no te has fijado en que esos jardineros de las películas se parecen tanto a ti como un dóberman al perrillo de la chica? A ver si es que no comprendes la diferencia entre fantasía y realidad, y tus problemas vienen del golpe en la cabeza que te diste de pequeño al saltar por la ventana creyéndote Son Goku.

O igual es que están tan acostumbrados al sexo previo pago que se acaban creyendo los piropos que les dedican las profesionales en el correcto desempeño de su oficio. Hola, guapo, vaya cuerpo. Eres un tigre, mi amor, cómo me gusta. Ay, ay. Sí.

Filosofia feminista

Música: Filosofía feminista, de María Femcee

Imagen de cabecera: fotograma de la película Millennium

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23 sin mordaza

  1. Este tipo de situaciones para las mujeres siempre son un fail/fail: hagas lo que hagas, es malo. Se te acercan y eres simpática, cordial, pero al final ocurre lo inevitable y tienes que frenarle los pies. Lo mínimo que te llaman es siesa -o cordosiesa-. Si directamente eres una borde, también eres una siesa (aquí con más razón, ojo). El caso es que este tipo de hombre SIEMPRE es la víctima y no se da cuenta que, como tú dices, con esas formas de acosador no va a conseguir nada, porque es que no creo que no le haya funcionado ni una sola vez en su vida y lo gracioso es que lo sigue intentando. En fin… menos mal que hay una gran generación de hombres que sois encantadores, porque si no…

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  2. Una actitud propia de los neandertales, que todavía sigue habíendolos (soy testigo) pero cada vez parece que menos. Una variante de lo que has explicado la tenemos en los babosos de discoteca que se acercan a una chica y no aceptan un NO como respuesta. O los que literalmente acosan a las camareras, no sé, esperando que funcione como una peli porno y se los lleven a la trastienda.
    Debe ser muy incómodo no poder salir a pasear sin que una cuadrilla de garrulos te acose de mala manera.
    Ayer mismo, una amiga me contaba algo parecido. Que un tipo le entró con un “Hey nenitaaaaaa”, pero como esta no tiene pelos en la lengua lo despachó rápida y contundentemente. Ella tampoco se explicaba cómo hay individuos que todavía creen que yendo en ese plan pueden atraer la atención de una chica; pero supongo que es una idea que tienen muy arraigada, que lo han mamado desde niños y que no conciben que hay otras maneras más elegantes de ligar.
    Todo esto me lleva a una pregunta: ¿qué clase de tipas se pueden sentir atraídas por el ritual de apareamiento como el del infame jardinero? ¿Existen?

    Saludos,
    David

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    1. Pues comenta Loreto en Facebook:

      “Que no esperaba nada, Salva, que el único objetivo de estos tipejos es agredir, así sin más, y lo peor es que salen reforzados una y otra vez porque en el 99% de los casos consiguen su propósito, avergonzarnos y humillarnos. Es asqueroso”.

      Sería una explicación. A saber qué hay en la cabeza de esta gente, aparte de mugre y helio.

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      1. Cierto, no se me había ocurrido eso; y además creo que Loreto ha dado plenamente en el clavo: el objetivo no es ligar ni tener fantasías de peli porno. El objetivo primordial es agredir verbalmente y denigrar a la mujer, de esta manera se sienten “más hombres”.

        No soy psicólogo, pero supongo que hay algún complejo gordo detrás de todo. Castración química con esta gentuza ya.

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  3. Ayer mismo fui a la playa de Gandia a las hogueras de San Juan, y la situación que describes la vi una docena de veces (también presencié el caso contrario, todo hay que decirlo). Eso sí, los especímenes que se comportaron como trogloditas llevarían unas cuantas copas entre pecho y espalda, así que hasta las interpeladas, lejos de molestarse, se partían de la risa.

    El caso que tú describes es bien distinto, y lo que más me sorprende…¿todavía le molestó que la pobre chica hiciera oídos sordos? (más de una le habría mandado a tomar viento, y con razón) Buff…cuánto retrasadito suelto hay por ahí.

    Saludos ;)

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      1. Por cierto, la imagen de cabecera la has clavado. Stieg Larsson creó al personaje Lisbeth Salander a modo de “redención” por un error que cometió cuando tenía quince años (el error se basó en la “no intervención”). Si has leído algo sobre la vida del autor sabrás a qué me refiero.

        Saludos.

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        1. Pues no tenía ni idea, Nemo. Gracias por la información, muy interesante.

          Me ha entrado curiosidad, y esto es lo que he encontrado en Rebelión.org:

          “(…) al joven le tocó ser testigo de una traumática experiencia. Estando de camping, Stieg fue testigo de la violación de una chica por parte de sus
          amigos. Días más tarde se la cruzó por la calle y se acercó a pedirle perdón por no haberlo evitado, pero ella le rechazó. Siempre se sintió culpable”.

          Tiene cojones, “a pedirle perdón”… Ya podía, si le dio miedo intervenir en su momento, haber gritado, ido a buscar ayuda… Joder con el perdón.

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          1. Sí, es a eso a lo que me refería. Lo de que fuera a pedirle perdón a la pobre chica fue un acto bastante absurdo por su parte. Después de todo… ¿qué esperaba? ¿Que aceptara sus disculpas sin más? Era obvio que lo iba a mandar a tomar por saco. En fin…

            Saludos.

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          2. Si me lo permitís, eso se denomina disonancia cognitiva. Según la teoría correspondiente enunciada por Festinger, las personas necesitamos coherencia entre nuestras creencias, pensamientos y acciones. Cuando esto no ocurre tendemos a sentirnos mal, y aplicamos diversas estrategias para recuperar la coherencia.

            Este hombre se inhibió ante una agresión de grupo (lo que insisto, es una conducta normal por aberrante que parezca), y siendo una persona en general decente debió sentirse como un infrahumano. Podía haber utilizado una estrategia de denigración (“Son todas unas putas”, “Selo merecía por ir provocando”, …), pero en su lugar intentó enfrentar el problema directamente. Como es obvio no le funcionó, así que intentó el método indirecto, que dio lugar a la conocida saga.

            En resumen, culpadlo por haberse inhibido cuando debió actuar, no por buscar alguna forma digna (hasta donde pueda serlo) de seguir sintiéndose humano en lugar de utilizar el camino más común: culpabilizar a la víctima.

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  4. Me parto. Por como lo cuentas, que una ha tenido 20 o 30 años muy bien llevados, aunque esté feo que lo diga yo, pero volvía cabezas. Ahora la volverían los del IMserso de excursión, pero bueno superficialidades aparte, te cuento esto, porque yo he pasado realmente verguenza y miedo al pasar delante de algun grupo de machotes, y costarme trabajo andar por “los pijamas de saliva” que me iban a realizar, o que como me iba a perder el consabido salami en barra. Delicatessen, vamos. Y que crean que tu levantas la cabeza con orgullo y satisfacción por semejantes requiebros y ya, si como la chica, te azoras, te pones nerviosa bajas la cabeza, pasas el trance y sigues adelante con el corazon saltando en el pecho. Otra cosa es el tipico piropo, que agradeces por dentro, con arte… Solo un vez, sentí miedo fisico de verdad, en Sevilla, donde entonces vivia.
    Al salir de un concierto, ibamos una amiga y yo caminando por la acera y ya los vimos venir, cuatro zanguangos con ganas de guerra, ya empezamos a darnos cuenta que la cosa no iba en broma cuando se dirigieron directametne a nosotras, cuando uno de ellos me coge por el hombro y el cuello, cuando vi aquellos ojos de loco pense, que no tendriamos escapatoria. Nos separaron a las dos, el que me cogia del cuello me decia “te voy a meter el puño hasta el codo”, a mi amiga lo mismo, y lindezas por el estilo de los romanticos caballeretes. Al final despues de unas cuantas meteduras de mano y sobeteos varios, NADIE y lo digo en mayusculas NADIE abrió la boca siquiera para que nos dejaran en paz.Cuando se cansaron acosarnos siguieron su camino y nosotras, temblando como flanes nos fuimos a casa.
    Yo lo recuerdo como la peor forma de hacer requiebros a una mujer. Ole estos machotes de bragueta suelta.

    Un abrazo salva. Como siempre das en el clavo.

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    1. Lo que cuentas del puño hasta el codo y tal me ha dejado muy mal cuerpo. Eso ya es agresión física, y qué decir de la (no) reacción de los testigos. Es tristísimo y da mucha rabia, joder. Nos están individualizando, que cada uno vaya a lo suyo, como mucho «a los suyos», y a tomar por culo el resto. Es una mierda.

      Me alegra leer que, a pesar de tu experiencia, agradeces un piropo bien dicho en el contexto adecuado. Yo tampoco soy de los que afirman que cualquier piropo, siempre, es un acoso, un abuso, machismo o violencia patriarcal. Eso me parece sacar las cosas de quicio.

      Un abrazo, Pili.

      P. D. ¿Que ya no se te vuelven por la calle? No me creo na’ ;)

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  5. Pandora Groovesnore 25/06/2015 a las 9:17

    ¿De verdad el achogañán se despidió con un “estúpida”? naaaa… de japuta p’arriba por lo menos. Estos trogloditas son asín

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  6. Pues si pensáis que esto va a menos, temblad, que ahora llega una generación que ha crecido viendo al Amador de La Que Se Avecina.

    Me cuesta creer que alguien piense que así puede ligar… Patético

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  7. Viendo este vídeo quizás te puedas poner en la situación de muchas mujeres como la que tu viste en la calle…

    https://www.youtube.com/watch?v=Kjvmz6gjrKo

    Leer tu artículo que me hace pensar en las muchas palabras o los comentarios, que hombre, y también las mismas mujeres entre sí, pueden decir que hieran a una mujer, sin llegar a ser conscientes de ello, sin tener intencionalidad alguna, y sólo se sabe si uno se pone en su lugar. Te dejo enlace de una de mis divagaciones sobre lo que palabras puede llegar a herir y condicionar la vida de las mujeres… http://clubpoetasforo.blogspot.com.es/2014/11/cuando-las-palabras-hieren.html

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  8. Lo primero, gracias por abordar el tema desde una perspectiva masculina. Es muy necesario que los hombres se involucren y tomen partido en la lucha feminista, es decir, en la lucha por erradicar todo tipo de acoso, sometimiento y, en general, discriminación por razón de género. Lo que haría cualquier persona decente, vamos (y sin embargo, así estamos todavía…). Así que gracias, de verdad.

    Los piropos callejeros forman parte de la llamada “cultura de la violación”. De manera semejante a lo que ocurre con la violencia de género, ambas formas de violencia contra las mujeres revisten desde conductas más o menos leves hasta aquellas extremadamente graves. Así, en la violencia de género (en el ámbito de la pareja), las conductas pueden partir de insultos y vejaciones y seguir escalando en gravedad hasta llegar al asesinato. En la cultura de la violación, una de las formas leves serían por ejemplo los piropos callejeros, y la forma extremadamente grave ya sabemos cuál es. El vídeo que ha enlazado Carmen (buenísimo) refleja perfectamente esta cuestión. Dejo un par de enlaces que profundizan sobre el tema.
    http://www.proyecto-kahlo.com/2013/08/la-cultura-de-la-violacion/
    http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article72818

    Los piropos callejeros constituyen una agresión a la dignidad de las mujeres. Todos. Sí. Por más que muchas de nosotras nos hayamos podido sentir alguna vez “halagadas” por alguno. En realidad, esos piropos en absoluto buscan halagar, como dice muy acertadamente Loreto. Forman parte de una construcción cultural que entiende que el cuerpo de las mujeres es de dominio público, que es legítimo emitir cualquier opinión sobre él, sin importar el impacto que tenga en la persona en cuestión (y nunca mejor dicho lo de “en cuestión”). Te llaman “guapa” porque tu físico entra en los estándares normativos, como te podrían decir “fea” si tu físico fuera distinto, o “gorda”, o reirse de ti a tus espaldas, “jajaja, mira esa, vaya lorzas”. Porque eso es todo lo que eres a los ojos de la cultura de la violación: un cuerpo (puntuable, opinable, juzgable y, en el peor de los casos, violable).

    Los piropos callejeros no son en realidad piropos. O no son piropos que puedan en absoluto considerarse aceptables. Un piropo, un cumplido, es algo que te dice alguien que te aprecia, con la intención sincera de comunicarte algo bueno sobre ti que está pensando, con la intención sincera de agradar. Pero cuidado. Es imprescindible que la persona destinataria del piropo consienta que tú opines sobre ella. Es imprescindible que tú sepas que tienes el consentimiento de esa persona para decirle piropos. Porque esa persona puede sentirse incómoda, escrutada, juzgada. No olvidemos que hablamos de comentarios con carga sexual. Esa persona puede encontrar sumamente agradables o muy desagradables los piropos dependiendo de quién sea la persona que los emita. El quid de la cuestión radica en el consentimiento. En el ejercicio legítimo de mi libertad sexual, yo puedo no aceptar los piropos de una persona (como tampoco querría, por ejemplo, acostarme con esa persona) y aceptar los piropos de otra (con la que también podría querer, o no, acostarme).

    En fin, los piropos callejeros juzgan el cuerpo de las mujeres prescindiendo totalmente de su voluntad y consentimiento (además, en base a unos estándares de belleza que son opresores), cosifican y humillan a las mujeres y, encima, para más escarnio, se hacen a voces, en público, a la vista de todo el mundo, señalándolas.

    Para terminar (y perdón por el tocho), dejo un vídeo de humor sobre el tema de la genial Malena Pichot.
    https://www.youtube.com/watch?v=VWMyRAQcZv8

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  9. Como aficionado a la psicología social, este tema me parece interesante, pero mal definido.
    Creo conveniente empezar por resumir las definiciones de la RAE de requiebro para acotar el piropo: lisonjear a una mujer alabando sus atractivos, para ganarse su voluntad. En otras palabras, es hacer la pelota para conseguir algo, que no necesariamente tiene que ver con el sexo.

    Es decir, “Vaya por Dios, que hoy sale el Sol dos veces” es un piropo (o un pelotazo si se lo digo a mi jefa), “Yeeeepppppaaaaa macizorraaaaaa” es una grosería (RAE: descortesía, demostración de rusticidad e ignorancia), “Te voy a….” es una amenaza verbal, y riesgo cierto de una posible agresión en determinadas circunstancias.

    Por tanto lo arriba descrito es el relato de una grosera agresión verbal. Nada tiene aquí que ver el porno, y si me apuras el sexo. Una agresión es simplemente una demostración de poder por parte de un individuo o un grupo que sostiene un discurso sexual cuando la situación lo admite, pero podría haber sido acoso en el entorno escolar o laboral, o violencia doméstica en el hogar. Es decir, es una agresión amoldada a las circunstancias.

    Respecto a por qué nadie actúa cuando existe más de un testigo de la agresión, habría mucho que contar, pero el resumen es que es perfectamente normal como se ha demostrado en múltiples ocasiones. En realidad, todos los estudios apuntan que es posible que un individuo aislado intervenga en ayuda de la persona agredida (aunque no necesariamente), mientras que varias personas tenderán a inhibirse en casi todos los casos. Si alguien quiere saber más al respecto puede indagar en la agresión a Kitty Genovese, ampliamente analizada. Hay otros experimentos que han confirmado esta hipótesis, pero ya sería largo de contar.

    Y paro aquí que me enrollo. Saludos a todos y todas.

    NB1: magnífica Malena Pichot, no la conocía.
    NB2: Odo Salva, que con la descripción del perrete y de la furgo te has excedido (considéralo un piropo sin segundas intenciones).

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  10. Como Entropía lleva poco tiempo por aquí, repito lo que ya he dicho alguna vez: no hay problema con los comentarios largos; me gustan, y sé de primera mano que lo mismo piensan muchos de los habituales. Tu comentario, como los de Vicente, que también suelen ser extensos, le dan un plus de calidad y profundidad a artículos como este, más ligeros que otros de Vota y Calla, así que mil gracias.
    Me sumo al elogio del vídeo de Malena Pichot, qué bueno.

    Nemo, no creo que Entropía haya querido decir eso. ¿Le has echado un vistazo a los enlaces que incluye?

    Aquí una descripción del caso que cita Vicente (aterrador): La apatía de una sociedad: el caso de Kitty Genovese

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    1. Sí, y debo decir que es la primera vez que escucho ese término. Estaba leyendo sobre el tema y parece que se originó en los años 70 en la segunda ola del feminismo, pero no me gusta que se nos meta a todos en el mismo saco.

      Cito: “Si eres un hombre, formas parte de la cultura de la violación”. En fin…

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  11. Nemo, en absoluto digo que todo el que lanza piropos es un violador en potencia, ni meto a todos los hombres en el mismo saco. Sería una afirmación disparatada, además de completamente falsa. Lo que digo es que la cultura de la violación está inserta en la sociedad, para nuestra desgracia, no que todos los seres humanos (hombres y mujeres) se identifiquen con ella o acepten esas formas de pensar y actuar como normales o correctas ¡En absoluto! Si te fijas, el autor del texto del que citas esa primera frase (frase que entiendo que tiene una clara intencionalidad de provocar, de llamar la atención de los destinatarios del texto, o sea, principalmente de los hombres), que es también un hombre, está radicalmente en contra de todo este constructo cultural, y lo que hace es identificarlo, describirlo y llamar a otros hombres a luchar contra él.

    En este otro artículo citan a June Fernández, que creo que da en el clavo con la razón de por qué ocurre esto del acoso callejero: http://www.eldiario.es/turing/Acoso-callejero-punto-mira_0_156784546.html

    “Es sobrecogedor comprobar la cantidad ingente de mujeres que han sufrido el acoso callejero y como decía la directora de Pikara Magazine, June Fernández en una entrevista que no se llegó a publicar en SModa por causas ‘desconocidas’’: “Es una práctica normalizada y quien la hace le mueve más la necesidad inconsciente de reafirmar su virilidad que el deseo de relacionarse con la mujer a la que acosa”.

    Por cierto que el artículo también menciona lo que pasó con el proyecto El Cazador Cazado de la activista Alicia Murillo, que estuvo grabando y enfrentándose a los que le decían cosas en la calle, y cuenta la saña con la que la fue atacada desde forocoches hasta el punto de que Youtube llegó a retirar los vídeos. (Si no hay nada de malo en los piropos, entonces no hay nada de malo en grabarlos ¿No? Ah, que decir cosas que ofenden a las mujeres por la calle sí se puede, pero que te graben y te señalen tu conducta como el acoso verbal que es, eso ya no, eso es de loca feminazi exagerada. En fin).

    Me alegro de que os haya gustado Malena Pichot :). Es una cómica y guionista buenísima. Todo lo que ha hecho merece la pena verlo, es genial: Cualca, Por ahora, Jorge, La loca de mierda…

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