Colaboración en El Salto

 

Gracias a Javi Ferrero, Dani Seijo y otros amigos de Nueva Revolución, he iniciado una colaboración en El Salto, un medio que ha nacido con fuerza.

El Salto está encabezado por el extinto periódico Diagonal, y engloba a otros medios alternativos como El Salmón Contracorriente, Pikara Magazine, los compañeros de Nueva Revolución y muchos más.

Os invito a pasar por allí a leer y dejar vuestros comentarios.

 

 

Llevo unas semanas buscando casa. Necesito una «alternativa habitacional». Y eso que mi casa actual me gusta, pero hay un problema, que viene desde Plauto, pasando por Hobbes y terminando en Sartre: los lobos son los otros, el hombre es un infierno para el hombre, o algo parecido. Me refiero a la gente. La puta gente que no piensa en los demás ni por un segundo. Hoy me voy a centrar en los conductores, pero sucede lo mismo en casi cualquier ámbito de la vida.

 

Es cierto que, a excepción de ciudades como Ámsterdam, donde la reina es la bicicleta, vivimos en núcleos urbanos en los que los coches provocan un nivel de contaminación acústica intolerable, aunque hayamos ido aumentando la tolerancia a costa de nuestros tímpanos y sistemas nerviosos.

Además del ruido, los coches contaminan el aire y provocan más de 1.000 muertes al año, sólo en España (mutilados y paralíticos aparte). Y aun así, las ciudades están diseñadas para ellos, los automóviles son los niños mimados, por encima de los peatones, los ciclistas e incluso de los que pretenden descansar o relajarse en sus viviendas. Nos han hecho creer que cada uno de nosotros necesitamos una de esas máquinas de cinco plazas, y hay quienes se desplazan en ellas hasta para darle un paseo al bebé (os juro que esto es cierto, conozco a quienes «pasean» al bebé en el coche, para que se arrulle con el ronroneo del motor y el traqueteo de la carretera).

Cierto desagradable e insalubre nivel de ruido, por tanto, es inevitable mientras los gobernantes no antepongan nuestro bienestar al de los bolsillos de las petroleras, lo que según mis cálculos de experto en combustibles fósiles sucederá, año arriba o año abajo, cuando se acabe el petróleo.

Hay rarezas como la de Pontevedra que marcan el camino a seguir. Pero pocos alcaldes están por la labor de imitar al bueno de Fernández Lores.

 

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7 sin mordaza

  1. Muy buen artículo, Salva. Yo ya estoy harta de los coches bajo mi casa, con un semáforo justo debajo, si se pone en rojo y están con la música a toda hostia es insufrible.

    Anímate a copiar mi método y reciclas huevos caducados o los dejas pudrirse y se los lanzas al coche del que viene a recoger a tu vecino. Intenta que le caiga en la luna, por el lado del conductor, así rabian mucho más. Aquí hay 24 horas de coches y de verdad que no entiendo la necesidad imperiosa por viajar en ellos. Llevo más de 14 años en Madrid y ni tengo ni pienso tener coche, me he movido perfectamente a sitios muy diversos en transporte público.

    Hace unos días comprobé que entre La Puerta del Sol y mi casa hay aproximadamente 12,5 km en línea recta (vaya, que tendría que quitar los edificios de en medio o ser Superman). Lo curioso es que en coche tardaría entre 25 y 50 minutos (menuda horquilla), en transporte público 22-24, y ese experimento lo he hecho con varios sitios del centro de Madrid. Aquí un abono de transporte mensual para moverse ilimitadamente por la capital cuesta escasos 55€ (mucho menos si eres menor de 26 o mayor de 65). Si tuviera coche con 55€ no cubriría ni una semana de costes entre la cuota mensual, mantenimiento, seguro, averías… y encima me comería muchos atascos y perdería más tiempo en muchos trayectos.

    Cuando tengo tiempo suficiente me vengo andando los 20 km que me pueden separar de ciertos sitios (a veces más), porque me gusta y encima es sano. ¡Qué bonita estaría Madrid sin apenas coches! Un abrazo Salva.

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    1. Está claro, siempre que voy a Madrid, lo pienso: es absurdo tener coche en una ciudad así. Y mucho más caro.

      Copio aquí el comentario que te he dejado en El Salto (has sido la única, a ver si los demás se animan también):

      Huevos podridos, buff, tú eres más valiente que yo, ¡jaja! Te cuento: hace poco, entrando a mi casa, escuché acercarse (desde 1 kilómetro más allá) a uno de estos idiotas montados sobre dos ruedas. Cuando pasó junto a mí, hice un gesto de desaprobación con la cabeza (de tan cerca, el ruido hacía daño), como diciendo no. Pues el imbécil pegó un frenazo y empezó a gritarme: «¿qué?, ¿qué?», en plan macarra.

      Me quedé dudando qué hacer. Aunque soy un tío pacífico, no tengo un miedo especial a los enfrentamientos, pero pensé que liarme a puñetazos por una cosa así era absurda. Y en esas el gilipollas este (orgulloso de haberme amedrentado, imagino) salió de allí haciendo caballitos con la moto. Caballitos.

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. Yo quiero ser más pacífica, pero me sale la vena broncas que llevo dentro y acabo por enfrentarme a quien sea. En este caso no me daría tiempo a bajar desde casa, si no, me plantaba delante de los coches chunda chunderos, por eso opté por tirarle huevos al parabrisas. No es algo que me desahogue una barbaridad porque preferiría un ataque más directo, que la poli les metiera mano al bolsillo, pero es complicado bajar a tiempo y bloquearles hasta que los municipales cumplan su trabajo.

        En todos los sitios que he vivido hay algún (os) problemas civícos y pocas soluciones para ellos. Ahora que estoy en mi hogar definitivo voy a hacer lo posible porque la gente que me toque la moral con sus ruidos y basuras, acabe escarmentada. Aún tengo que asentarme un poco pero cuando sepa cuál es el concejar de mi distrito, voy a proponerle algunas cosas. Si tengo que enfrentarme a los garrulos, poco miedo me dan, casi siempre acaban alucinando por el concepto que tienen de mujer–>débil, hombre–> fuerte cuando en mi caso no se cumple ni lo mínimo (y eso que no empiezo con boxeo hasta octubre). Su cara es un poema ya antes de lanzar la primera hostia y, a menudo con hablar “a mi manera” ya no les hace falta para salir volando del lugar. Si la gente quisiera dialogar yo no sería tan macarra, jeje.

        Saludos Salva. Con la mudanza he podido leer tus artículos ya demasiado tarde, pero me voy poniendo al día.

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  2. Esperaba una entrada tuya nueva Salva, para limpiar mi imagen de la entrada que me obligaste a realizar en contra de mi voluntad (amenazas incluidas),
    aquí dejo una entrada a mi blog http://ruedascuadradas.com/1-de-589-millones/
    para que tus lectores vean que no soy tan gruñon.

    respecto a la entrada que publique, donde no dejaba títere con cabeza, no es tan radical como parece, es una opción de vida tan válida como cualquier otra. Donde todas las acciones descritas son un mero hábito y donde ni siquiera se piensa ni se echa de menos otra opción.

    Un saludo

    (son las doce, me voy a dormir y arranca la moto el anormal que la aparca debajo de mi ventana!)

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