¿Quién necesita coherencia, teniendo ideología?

 

Hoy me quito la mordaza para hablar de la coherencia. Según el diccionario: «Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan». Si alguno cree que esta palabra le define perfectamente, posiblemente no lo haya pensado del todo bien.

 

 

¿Quién necesita coherencia, teniendo ideología?

 

Hace poco se casó Alberto Garzón. No voy a bailar al son que nos han marcado la derecha y sus medios. Los mismos que han aprovechado el evento para sacudir al líder de IU, aplaudieron con babosa adulación, o incluso asistieron a la impúdica boda de Estado que montó Aznar para su miniyo sin bigote en el Monasterio de El Escorial, con el siniestro Richelieu Varela de maestro de ceremonias. Boda que fue parcialmente pagada con dinero negro, como todo lo que toca el PP, aunque, por desgracia, los mafiosos que dirigen este partido hayan tenido la suerte de que España sea el único país desarrollado en el que el descubrimiento de una caja b, del cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones públicas, de una financiación ilegal durante décadas, no te lleva a la cárcel, ni siquiera te fuerza a dimitir.

Pero hoy no he venido a hablar de políticos: la coherencia sin vergüenza es difícil que se dé, y la mayoría de ellos carece de esta última. Hablo de nuestra coherencia, la de los súbditos, los que trabajamos para ellos.

La coherencia perfecta es una utopía, ninguno somos ni seremos completamente coherentes, pero hay diferencias importantes: unos tienen conocimiento de sus contradicciones e intentan minimizarlas, y otros se niegan a verlas o las disculpan. Las suyas y las de su grupo. Da igual que Garzón se hubiera casado por la Iglesia, que la boda la hubiera patrocinado el BBVA y que la novia combatiera el calor durante el convite con cuatro abanicos movidos por sendos refugiados: los fanáticos de izquierda lo hubiesen defendido igual.

Me centro en la izquierda porque es la que me duele, pero la derecha no se libra, a la derecha no le gana nadie a hipócrita, como todos esos que desde las filas conservadoras se oponen a cualquier avance reclamado y peleado por la izquierda, pero luego, una vez conquistados esos derechos, los mismos que los presentaban como el sumun de todos los males, dislates de los radicales que traerían, de aprobarse, el fin de la civilización, se benefician de ellos sin pudor.

Son los que cobran sueldos o subvenciones del Estado para hacer campaña contra los salarios y las subvenciones públicas, y se llenan la boca de amor a la patria con su dinero escondido en el extranjero para evadir impuestos, y condenan que las armas que venden a dictaduras terminen, quién lo habría adivinado, asesinando a gente inocente.

O los que se dicen católicos, pero no van a misa, practican sexo fuera del matrimonio y si hay un embarazo no deseado, se aborta. Incluso me he topado últimamente varios que creen en la reencarnación. «Es que yo soy católico a mi manera», dicen. Esto es como el invento aquel de «católico no practicante». Quieren ser católicos, o de derechas, pero que no les suponga ningún sacrificio. Entonces, ¿basta con eso, con decirlo y votar al caradura de Rajoy?

Por no hablar de estos, de Rajoy y compañía, la gentuza que nos gobierna, muchos de los cuales le preguntan al espejito espejito quién es el más piadoso del reino (varios son ultras, del Opus y tal), pero no dudan en robar y joder al prójimo todo lo que pueden.

 

 

¿Dónde está la coherencia? A ver, que yo la vea…

 

Volvamos a la trinchera de enfrente. A ti, compañero del metal, te parece un disparate que el actual modelo de sociedad se base en contaminar, deforestar, asfaltar, hormigonar…; sabes que los animales no son cosas, y que deberíamos protegerlos; crees, porque así lo dicta la justicia social que te late en las venas, que la mujer debería disfrutar de los mismos derechos que el hombre; opinas que el capitalismo es un sistema salvaje, y además, eres de los optimistas y piensas que la batalla no está perdida y que otro mundo es posible. Con esto, como no podía ser de otra manera, te consideras de izquierdas.

Pero buena parte de tu tiempo de ocio lo pasas en los centros comerciales, comprando no por necesidad, sino por placer; y eres de los que cambia de móvil cada año, aunque el anterior funcione perfectamente, para ir a la última; y no te importa de dónde viene la comida o la ropa o los cosméticos que usas, qué niños o animales han sufrido, qué ríos se han contaminado o cuántas selvas se han talado para que esos productos lleguen hasta tu mesa o tu armario. Y en cuanto juntas cuatro perras, las metes a plazo fijo en el banco que te dé más pasta por los intereses, sin preocuparte lo más mínimo por las atrocidades que hagan con tu dinero. Y, aunque escribes que lo mejor del mundo son les amigues porque eres muy feminista, si una noche te lías más de la cuenta, te vas de putas.

La defensa habitual de algunos ante ciertas incoherencias es la parodia hiperbólica, el «ah, un comunista tiene que llamar con señales de humo, ¿no?», o «claro, es que los de izquierdas tenemos que ir desnudos», como defendían los rufianófilos a su señoría cuando este, tras haber denunciado mil veces las condiciones de trabajo de las fábricas que Amancio Ortega, como tantos otros empresarios sin escrúpulos, traslada por ahí fuera para evitar cumplir con los incómodos derechos de los trabajadores que tenemos en la Europa civilizada (deslocalización, es el criminal eufemismo), acudió a una entrevista con una chaqueta del Zara.

Entre llevar un walkie-talkie o perder el culo por comprar el último aifon antes que tu vecina, entre ir desnudo o vestir de la tienda que criticas, entre dormir en una cueva o especular con la vivienda, hay un mundo. Este sistema no te lo pone fácil para vivir de forma coherente con tus valores ecológicos o de conciencia social, como sabrá todo aquel que intente alimentarse sin formar parte de una cadena que haya empezado con animales torturados durante toda su miserable existencia, hasta ser cruelmente sacrificados para el consumo humano; o trate de vestirse de una marca que no haya sido bordada en tu chaqueta por los dedos entumecidos de un niño de once años. Estos productos suelen ser más difíciles de encontrar, y por añadidura, más caros (esto último no sería un problema para Rufián; ninguno de nuestros diputados ha de hacer números para llegar a fin de mes). Sorpresa: ser consecuente con tus ideas es más complicado que no serlo.

Los mismos que admiran a Mujica por su sobriedad, y dicen que ese es el camino, defienden que los de izquierdas tengamos bula para despilfarrar en un planeta finito y enfermo de desigualdad. ¿En qué quedamos? Si admiramos (yo me incluyo) a Mujica o Julio Anguita por su ejemplo, entonces no podemos aplaudir derroches innecesarios, ni determinados estilos de vida. Entonces deberíamos replantearnos eso de «un comunista (o alguien de izquierdas) puede gastar su dinero ganado honradamente en lo que le dé la gana».

Porque, si no, ¿en qué consiste ser de izquierdas? Como decíamos antes, ¿vale sólo con posicionarse, votar y ya? ¿No conlleva ninguna diferencia en tu día a día, ninguna renuncia? ¿Puedes ser de izquierdas y embriagarte con el consumismo desaforado? Pues si es así, amigo, compañero, camarada, tal vez tu etiqueta sea sólo eso: una pegatina sin nada en el reverso. Una pose.

 

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Imagen de cabecera: J. R. Mora

 

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22 sin mordaza

  1. No es un tema fácil ser de izquierdas y ser coherente con ello, tal como está montado el mundo.

    Si yo quiero unas zapatillas tipo Converse rojas (las que siempre uso, es mi «señal personal»), ¿me compraré las de marca Converse que están fabricadas en Vietnam? ¿O me compraré unas hechas con comercio justo, con el precio por las nubes y encima con un diseño horroroso? ¿Tengo que renunciar entonces a mis zapatillas favoritas?

    Así con todo.

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    1. Hombre, yo en lo del ‘diseño’ no entro, pero en lo de que unas zapatillas de comercio justo sean más caras que unas Converse o las de cualquiera otra marca más o menos pija, ahí disiento absolutamente.

      Twitter: @lamierdaelpp

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    2. No es que no sea fácil, es que es muy jodido.

      Imagino que si esas zapatillas son tu «seña» personal, algo así como una marca de identidad, no vas a renunciar a ellas. Pero supongo que habrá otras muchas facetas de tu vida donde sí puedas ser (y seguro que lo eres, que ya son años de leernos) coherente con tus ideas.

      Los que me revientan, los que me han llevado a escribir este artículo, son los que ni se plantean esas contradicciones, los que no tienen ese remordimiento de conciencia del que habla V. J. por ahí abajo.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  2. Hombre, es más fácil ir por el mundo sin tener principios. Ser incoherente. Hacer boikot de cara a la galería, pero que bonita es esa chaqueta de Zara o que ganas tengo de una Coca Cola. Rezar por los pobres en misa mientras les quito las ayudas.

    Con respeto al tema de Garzón, una duda que he leído por ahí: ¿Y si la pareja de Garzón quería casarse por la iglesia?

    Twitter: @MigueIjr

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    1. Por lo que he leído, Garzón no ha tenido ese problema: al parecer, conoció a la chica en un mitin que dio. La muchacha está afiliada al PCE, fue a escucharle y ahí empezó todo.
      No creo que una tía del PCE tuviera mucho interés en casarse por la Iglesia.

      Y estas cosas las sé casi contra mi voluntad, pero es que lo de la boda de Garzón ha salido hasta en el Hola.

      Twitter: @vota_y_calla

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  3. Olga Baselga Calvo 01/09/2017 a las 14:27

    Tienes toda la maldita razón, compadre. Si duele, es porque tiene que doler.

    Gracias. Aunque reflexiones como éstas sean aullidos en el desierto.

    Un beso.

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  4. Aplaudo el texto de cabecera, exigir coherencia me parece imprescindible en este mundo moralmente podrido (eso incluye exigírsela también a los políticos de izquierdas, máxime si presumen de ella…).

    Simpatizo con Podemos. Justo por eso me duele y hasta me asquea que incurran una y otra vez en incoherencias (también la del refresco de cola de Espinar, sí, por mucho que se quiso minimizar el tema como si la clave radicara en el precio y no en la incongruencia moral de adquirirlo).

    Solo una ética intachable, o cuando menos la evidencia de una férrea voluntad de observarla, conquista a medio y largo plazo la fidelidad de la gente, a la vez que contribuye a educar su sensibilidad moral (aprendamos del Che en eso los que nos decimos partidarios de la revolución). Por desgracia lo que se lleva es la politiquería electorera, basada en el miope cortoplacismo, todo lo cual da finalmente la razón (en gran medida al menos) al típico dicho reaccionario de “Todos los políticos son iguales”.

    Ciertamente, Mujicas y Anguitas hay pocos, muy pocos… Por no hablar de Gandhis, Luther Kings… y no digamos Jesucristos.

    Saludos cordiales.

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    1. Es verdad que hay muy pocos Jesucristos, pero es que ya le vale al señor con barba de allí arriba. 15.000 millones de años de existencia del universo (y Él estaría ya antes en la sala de espera del Big Bang, aburriéndose en un vacío incognoscible) y sólo ha tenido un chaval.

      Luego hay quienes alertan del descenso de la natalidad en España, de lo que culpan a los que no estamos dispuestos a procrear. Pero ya se sabe que los niños, lo que ven en casa, y nuestro Padre Todopoderoso nos ha dado mal ejemplo. ; )

      Twitter: @vota_y_calla

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        1. No me he salido: es que poco tengo que decir del resto del comentario, que básicamente coincide con lo que yo he escrito en esta y en anteriores ocasiones.
          Por eso he decidido tomarme con humor inocente este nuevo intento tuyo de que alcancemos la «revelación» ;)

          P. D. Que conste que eres libre de evangelizarnos todo lo que quieras, pero los demás también lo somos para contestar como nos parezca (siempre dentro de la educación, el respeto mutuo y la cordialidad que nos caracteriza).

          Twitter: @vota_y_calla

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  5. Yo soy de los que consideran que un buen progresista consciente se distingue por cometer unas cinco incoherencias diarias. Simplemente porque cuando haces camino al andar, lo natural es equivocarse y tener que parar a comprar algo en el primer emporio chino que encuentres para salir del paso. La diferencia es que eres consciente de la incoherencia y algo te remuerde la conciencia. Por poquito que sea.

    La segunda reflexión es que hay no pocos autollamados izquierdistas inconscientes, tan ignorantes o más que los conservadores del mecanismo sistémico que los lleva a agravar entusiásticamente cualquier problema potencial. Esos no son incoherentes, son sólo ignorantes.

    La última idea que quería dejar plasmada es que Anguita está sobrevalorado a todos los niveles. En su día fue un tipo tan coherente que ni comió ni dejó comer, pero de una coherencia relativamente fácil. En cambio, yo admiro a Gerardo Iglesias, que dejó la política para volver a bajar a la mina. Pensad por un momento que mañana vais a madrugar, calaros un casco, meteros en un ascensor y bajar a un lugar oscuro y opresivo. Y que eso lo hacéis voluntariamente. Pensadlo y comparad.

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    1. A lo que aludo de Anguita es a su ejemplo renunciando a la pensión vitalicia, así como su estilo de vida modesto. Un piso pequeño, ausencia de lujos… Nada que ver con Llamazares, por ejemplo, con sus cientos de miles de euros en depósitos a plazo fijo y fondos de inversión.

      Pero el de Gerardo Iglesias es un ejemplo modélico de lo que hablábamos, y lamento no haberme acordado de él al escribir el artículo. Te agradezco que hayas enmendado mi olvido.

      Por cierto, que Gerardo Iglesias fue uno de estos personajes admirados en IU, hasta que confesó que había votado a Podemos y mostró sus simpatías por este partido. Entonces pasó a ser un apestado, como Cañamero.

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. Estimado Salva, de vuelta de unos días de viaje me encuentro tu respuesta y debo decirte que en absoluto estaba en mi ánimo “evangelizaros” por el mero hecho de citar a Jesucristo al final de mi comentario (!!!). Se trataba de ejemplificar el tema del hilo tras abordar brevemente sus aspectos éticos, y para ello aporté un breve ramillete de nombres. Hasta donde conozco las vidas de todos ellos, ninguno me parece tan paradigmático como Jesús de Nazaret, pero puedes estar seguro de que evangelizar es otra cosa.

        (Salvando las distancias, sería como afirmar que “evangelizan” algunas citas del Talmud que elogian a Jesús, o que lo hacen los modernos pensadores judíos Martin Buber o Emmanuel Levinas cuando, mostrando su alta estima, le consideran un “buen judío”. Pero obviamente ni el Talmud ni tales pensadores aceptaron jamás el evangelio).

        Saludos cordiales.

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        1. Hola de nuevo, Frieden. Espero que hayan ido bien las vacaciones.

          Es que en la entrada anterior sacaste la Biblia a relucir, y ahora a Jesucristo, de ahí mi comentario de más arriba.

          A mí no me molesta, sólo quería avisarte, de buen rollo, de que cualquier intento de hacerme ver con buenos ojos la religión católica, será infructuoso. Fíjate cómo será la cosa, que ni siquiera tengo claro que existiera Jesús (pero tampoco voy a entrar aquí a debatir sobre ello).

          Un abrazo.

          Twitter: @vota_y_calla

          Responder
          1. Amigo Salva:

            Gracias, la verdad es que, peculiares y todo, no han ido nada mal… ;-)

            Sobre lo que nos ocupa: como es natural, cada vez que opino sobre un tema lo hago desde mi punto de vista. Doy por supuesto que lo mismo que tú. No pretendo convencer ni a ti ni a nadie (no más, en todo caso, que tú o cualquiera a mí); simplemente expongo mis ideas.

            En otras palabras, no creo que ninguno de los dos necesitemos “avisarnos” de nada: simplemente nos leemos y dialogamos (o no) con toda libertad. Y llegado el caso, si nos apetece, debatiendo desde el respeto y la cordialidad (a ser posible centrándonos en el tema, lo cual en mi modesta opinión es la mejor manera de dialogar).

            [Por lo demás, como ya habrás podido observar en Twitter, difícilmente trataré jamás de hacer ver a nadie con buenos ojos la religión católica cuando en absoluto la profeso (de hecho, respetando a sus seguidores, la combato de manera sistemática, aunque tampoco quiero que ese sea mi ‘Leitmotiv’).]

            Un fuerte abrazo también para ti.

            Responder
  6. Me has recordado a Mister DBunker con lo de la parodia hiperbólica, y nunca he estado de acuerdo con él en ese aspecto. ¿No será que te estás pasando al lado oscuro? ¡Jaja! A ver si dentro de un año te pones a escribir artículos piropeando al PP o a Ciudadanos

    Responder
    1. DBunker siempre estaba criticando a los comunistas por tener móvil y demás. En mi opinión, algo de lo más absurdo si tenemos en cuenta que el teléfono móvil se inventó en la URSS. Sí, el móvil tiene origen comunista.

      Responder
      1. Leonid Ivanovich Kupriyanovich, ese es tío que inventó la tecnología precursora del actual teléfono móvil.

        Responder
    2. ¡Jaja! No te preocupes, creo que por ese lado puedes estar tranquilo. Además, que no se te escape que en este artículo señalo las incoherencias de ambos bandos.

      En cuanto al Mister, no quiero hablar de él «a sus espaldas». No acabo de entender muy bien ese cambio tan drástico suyo, pero tampoco he visto que hable bien del PP ni de Ciudadanos.

      Twitter: @vota_y_calla

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