Ciudadanía corrupta

Hoy toca hacer un poco de autocrítica, que a veces parece que los políticos han venido de Alfa Centauri. Y no.

 

Viernes a medio día. Acudo, como hago a veces, a un bar que hay junto a mi oficina. Es pequeño y algo rancio, el típico donde solían ir a tomar en masa el carajillo del almuerzo los albañiles cuando había ladrillos que poner. De unos años acá la cosa ha bajado mucho; como esta mañana, ya no suelo encontrarme con más de media docena de parroquianos. Eran gente humilde, de los del palillo en la boca después de comer, y excepto dos algo más jóvenes, rondaban la cincuentena. Cuando llegué, la tele estaba encendida. Se quejaban de lo mal que está la cosa. Comentaban alguna noticia relacionada con el caso Bárcenas. Se hablaba de comisiones: según decían, en todos los Ayuntamientos ocurre igual: si quieres la contrata de la basura, de los jardines, de lo que sea, ya sabes lo que toca. A continuación se enredaron con el rey, la infanta, la reforma laboral, el cierre de Canal Nou, y fueron subiendo de tono. «Qué desgraciaos, y nosotros matándonos pa’ llevar un mendrugo de pan a la casa». Despotricaban casi al unísono, pisándose la palabra unos a otros. A los pocos que no estaban en el paro les habían bajado el sueldo y/o aumentado las horas de trabajo, «y no puedes hacer na’ porque nos tienen cogidos por los huevos con la reforma laboral, y si protestas te vas a la calle y a los dos minutos tienen a otro que lo hace por la mitad que tú». Se oyeron nuevos insultos, «corruptos, son todos unos corruptos». Entre sorbo y sorbo de café pensé que, por estadística (estamos en la Comunidad Valenciana, en la frontera con Murcia), probablemente al menos cuatro de ellos habrían votado al PP. ¿Qué esperaban, políticas que favorecieran a los trabajadores? Y Fabra, Camps, Zaplana… han campado por aquí a sus anchas sin repercusión electoral alguna por sus fechorías. No obstante, dando por bueno mi prejuicio sobre su opción en las urnas, reflexioné sobre la posibilidad de que tal vez se hubieran hartado y en las próximas elecciones…

Angry bird coffee

Café con bilis

En estas, el que más gritaba de ellos soltó: «Pero que coste que yo haría lo mismo si pudiera, ¿eh? ¿O alguno no haría lo mismo? ¡Tonto sería, si no!». Los demás se mostraron inmediatamente de acuerdo con él. «Pues claro, ¡y me follaría también a la Comina!», aseguró otro, cuya intervención fue muy celebrada. A mí entretanto la rabia me iba ganando terreno. Mastiqué mis propias muelas, les miré entre asqueado e incrédulo, y para mitigar la náusea bajé la vista. Craso error: ahí estaba otra vez el llavero con la bandera franquista que uno de los habituales del lugar deja siempre sobre la barra, orgulloso, como los esnobs que hacen lo mismo con la llave del BMW. Me había fijado en ese llavero en muchas ocasiones y lo había dejado pasar, pero esta vez fue la gota que colmó el vaso de bilis.

Exploté. Incorporándome de golpe, di un puñetazo en la barra y les interrumpí gritando: «¡Pues luego no os quejéis, joder! Tenéis el país, los políticos y los empresarios que os merecéis. ¡Y apagad los cigarros ya! —fuman  dentro del bar sin disimulo, incluso detrás de la barra. La policía les ha visto más de una vez al pasar por la puerta, pero han seguido de largo—. Y tú métete ya el mechero del aguilucho en el bolsillo, o lo van a tener que fundir para hacerte empastes».

A mi exaltado arrebato le siguió un incómodo silencio, roto tras unos segundos por rectificaciones y disculpas de los tertulianos. «Tienes razón, chaval». «Menos mal que la juventud viene con otras ideas; estos, estos son los que van a sacarnos del pozo», dijo uno, palmeándome la espalda. Otro de ellos me pagó el café, e incluso el nostálgico del régimen escondió su souvenir y bajó la cabeza.

 

«(…) ¡Y me iba a forrar sin dar un palo al agua, ja, ja, ja!» El excesivo volumen con el que fue pronunciada esta frase me trajo de vuelta a la realidad. Lo que habéis leído desde «Exploté» es sólo lo que a mi imaginación le dio por inventar mientras yo apretaba las mandíbulas, pero en realidad no me moví de la silla, ni siquiera me atreví a abrir la boca. Lo único mínimamente digno por mi parte tuvo lugar cuando mi mirada se cruzó con la del más bravucón: aunque sonrió pidiendo mi aprobación, me quedé serio, sin mover ni un músculo de la cara. Acto seguido dejé mi consumición sin terminar, dos monedas en la barra y salí del bar con un regusto amargo en la boca que no provenía del café.

 

¿Qué opináis? ¿Esto tiene solución, o llegue quien llegue al poder, estamos condenados al eterno retorno? Los de abajo, ¿sólo quieren derribar a los de arriba («los Altos», los llama Orwell en 1984), para sustituirlos en la cumbre y hacer lo mismo que ellos en cuanto lleguen allí? ¿La corrupción es inevitable? ¿Alguien tiene un poco de optimismo que dejarme?

 

Composición de la cabecera: Brotesto

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9 sin mordaza

  1. ¿Esto tiene solución? preguntas…
    Ciertamente, ‘ESTO’ está muy jodido, rejodido…
    Tiene solución, siempre y cuando ‘esto’ tenga su correspondiente ‘aquello’.
    Por aquello, entiendo todo lo que hace falta para combatir y enderezar ‘esto’. Es decir, mucha educación basada en la información veraz. Es decir, más humanismo. Es decir, más valores humanos que precios inhumanos. Es decir, más modestia, más humildad, más sencillez, más EDUCACIÓN, en una palabra.
    Un saludo :-)

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  2. Hace ya tiempo que me mantengo en la misma tesitura. La culpa de lo que nos pasa es del pueblo, del borrego concretamente, que desgraciadamente es la mayoría. El pueblo nos dejamos pisar, es una anestesia para la cual todavía no he encontrado el estímulo (no para mí, ya me conoces).
    Si un corrupto llega a la cumbre y el pueblo no reacciona, todo el que llegue creerá que es pan comido. Hasta que la gente no espabile, esto va a ser un campo de basura. Me genera un poco (?) de ansiedad si lo pienso demasiado.
    Por otro lado, conforme al panorama político actual, no creo que haya nadie que no tenga intereses 100% sanos.
    El único optimismo que te puedo transmitir es que no estás solo, y que la anestesia no nos afecta a todos. No es un consuelo (más bien, es todo lo contrario) pero a mí me alivia leerte, egoístamente hablando. Nos indignamos al mismo nivel…parece una gilipollez, pero creeme, que cuesta encontrar al “ciudadano despierto”.

    Menos boquilla y más acción,
    que para quejarnos valemos todos.

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  3. Respecto a lo que dice mi colega saharaui, tiene que ser cierto que parte de la solución está en la educación, porque si no, no pondrían tanto empeño en cargársela.

    Y sobre lo que comenta Mari del aborregamiento zombie… No sé, quizá la “anestesia” nos la estén inoculando los medios tradicionales. Se les ha visto más el plumero si cabe con la censura informativa de la huelga de hambre en la Puerta del Sol, un asunto que me tiene muy quemado.

    Muchas gracias a ambos por comentar, así da gusto.

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  4. Dije que lo leería y comentaría, y aquí estoy. Pues si, PeroXpera piensa igual que yo, todo (o casi) se basa en la educación. ¿Qué crees que esos señores le enseñarán a sus hijos? ¿Bajo que cultura los educarán? Pues la misma en la que ellos fueron educados. Ojo! Que puede ser que de padres fachas salgan hijos de izquierdas (conozco algún caso) o viceversa, pero esa no será la tónica general. Como dijo Alberto Moravia : ”curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.”

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    1. ¿Cumpliendo tu palabra? Me parece que alguien no vale para político XD

      Pues sí, acabo de comentar algo parecido en el de la Corrala. No parece haber otra salida que la educación integral, en lugar del mero almacenaje de datos actual. Una educación en valores. Pero ¡ah! Cuando se intenta algo así, le llaman “adoctrinamiento”.

      Esa frase es muy acertada, y confieso con toda la vergüenza del mundo que me suena el nombre de su autor, pero que no he leído nada del tal Moravia. Algo que voy a intentar enmendar.

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      1. Podría mentirte y decir que he leído mucho de ese autor, pero no es mi estilo y te diré la verdad (sigo sin valer para político): nunca he leído nada de él, esa frase la vi en internet, me gustó y tenía que ponerla y citar a su autor (si no, sería un @iFilosifia de la vida)

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  5. susana fuentes 16/02/2015 a las 21:31

    Quizá está arraigada en el alma del español,la complacencia de la corrupción, quizá siglos de expolio de la iglesia,monarquia ,caciques etc.Complicada cuestión .

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    1. Hasta que no se cambie esa mentalidad mediante otro sistema educativo, no habrá nada que hacer. Hay que poner controles para que los sinvergüenzas lo tengan más difícil, pero mientras que trepar a costa de lo que sea esté bien visto, las soluciones serán simples parches.

      Bienvenida ;)

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