Cartas de un preso republicano «depurado» por el franquismo

Saludos, removedores de muertos, abridores de heridas. Hace una semana se cumplió el triste aniversario del golpe de Estado que unos militares traidores dieron contra el gobierno democrático de la II República, golpe que trajo una guerra civil que desembocó en el franquismo que nos sumió en 40 años de atraso y horror. Cuatro décadas de asesinatos, torturas, violaciones, incautación de bienes, robo de niños… Crímenes injustificables una vez que había terminado la contienda. Cuatro décadas de dictadura, con la abyecta complicidad de la Iglesia católica.

En esta brutal represión también jugó un papel fundamental la Guardia Civil, por mucho que nos la quieran vender como un cuerpo del que debemos estar orgullosos.

Las fechas del golpe de Estado, al que algunos medios como Antena 3 se refieren por «Alzamiento» (aún no se atreven con el Glorioso, pero poco les falta), fueron el 17 y 18 de julio de 1936. Hace ochenta años de aquello.

Hoy me quito la mordaza para traeros unas cartas que mi abuela tuvo escondidas hasta el momento de su fallecimiento, treinta años después de muerto Franco, y las hubiera seguido ocultando tantos años como hubiera vivido. Fijaos si había miedo, así de criminal y despiadada fue la dictadura franquista.

Las traigo porque creo que pueden resultar interesantes como documentos históricos, pero también a modo de homenaje. Es la fuerza de la palabra: a Guillermo lo asesinaron en 1939, no podía ni imaginar que sus cartas escritas a pluma en una celda se leerían en las pantallas de unos extraños aparatejos en 2016.

Va por él, y por tantos.

 
 

Guillermo, una introducción

Guillermo Campoy Zapata era el hermano pequeño de mi abuela materna, Carlota, destinataria de estas cartas. Estaban muy unidos, tanto que mi abuela nunca llegó a superar su muerte. Cuando se acordaba de él no podía evitar que se le humedecieran los ojos, que ella se secaba discretamente con un pañuelo blanco que llevaba siempre guardado en el pecho.

Guillermo era militar, marino. El 17 de julio le encontró en Cartagena como tercer maquinista a bordo del destructor Sánchez Barcáiztegui.

El comandante del buque trató de unirse a la sublevación franquista, pero la tripulación fue leal al Gobierno y lo arrestó junto al resto de los oficiales golpistas. Parece ser que Guillermo tuvo cierto protagonismo en esta acción. El año siguiente fue ascendido a teniente.

 

Aquí os dejo escaneadas sus cartas. Podéis hacer clic en las imágenes para ampliarlas. No obstante, dado que tres de las cuatro cartas están escritas a mano y puede resultar difícil su comprensión, he transcrito algunos fragmentos.

 
 

11 de noviembre de 1937, Cartagena (aún en libertad)

 

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«Lo que más me llama la atención es que parece que para vosotros no existe la guerra, cuando precisamente sois los que estáis más cerca, pero seguramente es que todavía estáis en la luna de miel».

(…)

De la guerra no os cuento nada porque me pasa lo que a todo el mundo que tenga vergüenza, esto es: deseando que termine.

 
 

13 de agosto de 1939. Penal de la Casería de Ossio, San Fernando (Cádiz)

 

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Atentos a cómo se ve obligado a encabezar la carta («¡Arriba España! ¡Viva Franco!») y al «Año de la Victoria» añadido junto a la fecha. También a esas frases del cuerpo del texto como la de «tengo gran fe en la Justicia de nuestro Generalísimo» o «aquí estoy muy bien y la comida es inmejorable». Para esta mentira había dos razones: por un lado, evitar aumentar la preocupación de su hermana; por otro, los carceleros leían todas las cartas, y una frase mal puesta podía significar tu asesinato o la perdición de tu familia.

 

«Me llevó la escuadra roja a Francia, y en cuanto pude me vine para España (1). Me encuentro aquí esperando que hagan la depuración, lo que espero que sea pronto pues tengo gran fe en la Justicia de nuestro Generalísimo. Espero me digas que Paco (2) se encontrará en las mismas condiciones y ten confianza en Dios (3), que verás como un hombre tan bueno como es él muy pronto podremos estar todos juntos y poder disfrutar de la vida después de haber sufrido tanto.

No puedes figurarte lo que me he acordado de ti en los dos años y medio que llevamos separados, pues como siempre a todos lados hemos ido juntos, no podía acostumbrarme a esa separación y más en las condiciones que eran, pero muchas veces Carmela, Antoñico (4) y yo te recordábamos y sobre todo cuando sacábamos tu diploma de la Cruz Roja y nos acordábamos de aquellos tiempos de hace 10 años en que éramos tan felices (…) Pero ya verás como ahora nos vuelve a todos la alegría y volveremos a ser igual de felices que entonces. Sólo tenemos que tener un poco de paciencia y dentro de poco lograrás la felicidad que mereces».

(…)

«Como ves mi dirección no creas que soy ningún penado, pues aquí estamos muchos y bien sabes que no soy ningún criminal (5), pero en cuanto me depuren ya podré atender otra vez a la pobre Carmela. Aquí estoy muy bien y no me falta absolutamente de nada —ya me mandaron de casa ropa— y la comida es inmejorable, así es que no sufras absolutamente nada por mí».

 

(1) En Lecciones de España: obras, glorias y defectos de los españoles (libro escrito desde el más rancio filofranquismo), se puede leer:

«En marzo de 1939, doce unidades aún operativas de la escuadra abandonaron Cartagena y huyeron al puerto de Bizerta (Túnez), bajo soberanía francesa. Ocurrió no sólo que el Gobierno francés, que ya había retirado su reconocimiento diplomático a la República, devolvió los barcos al Gobierno de Burgos, sino que la mayoría de la marinería votó por regresar a España».

Mi tío abuelo fue uno de ellos. Volvió a España por propia voluntad, en contra de los consejos de algunos. Tal vez confiaba en lo que decía la recién promulgada Ley de Responsabilidades Políticas, «que no quiere ni penar con crueldad, ni llevar miseria a los hogares» (pues menos mal).

Estaba convencido de que al no tener delitos de sangre, el régimen lo dejaría en libertad tras la «depuración». Pero no fue así, la dictadura franquista asesinó a decenas de miles, tal vez cientos de miles como él, una vez terminada la guerra. 35 años de exterminio sistemático.

 

(2) Francisco Salmerón Salmerón. Marido de su hermana Carlota (mi abuelo materno). También militar, pero del Ejército de Tierra. Durante la guerra luchó en el frente. Llegó a capitán de infantería y Jefe del Estado Mayor por sus méritos militares y fallecimiento de sus superiores.

Cuando Guillermo escribe estas cartas, Paco también se encontraba preso. Lo capturaron en Cartagena, última ciudad en caer en manos de los fascistas.

Fue condenado a muerte, pero afortunadamente lo liberaron tras cuatro años de cautiverio que pasó primero en un campo de concentración y después en varias prisiones militares.

 

(3) Eran extremadamente católicos, tanto él como su hermana Carlota.

 

(4) Carmela (nombre muy apropiado, hablando de lo que hablamos) y Antoñico eran otros dos de los siete hermanos de mi abuela que sobrevivieron a los primeros años de vida (mi bisabuela tuvo dieciocho hijos).

No puedo evitar presumir por un momento de familiar: ese «Antoñico», hijo de Carmela, era Antonio Guijarro Campoy, que escribió las letras (y en muchos casos, compuso también la música) de multitud de canciones para los artistas más famosos de la época: Marisol, Carmen Sevilla, Nino Bravo, Raphael, Concha Velasco… Suya es la autoría (al menos, en el cincuenta por ciento) de canciones como Tómbola, Estando contigo, Quisiera ser, Me gusta mi novio, La chica yeyé, Noelia

Como sucede en tantas ocasiones, la mayor parte del reconocimiento se lo llevó exclusivamente su socio Augusto Algueró, de forma injusta.

 

(5) Como pena añadida, la vergüenza, el estigma…

 
 

11 de octubre de 1939

¡Arriba España!

¡Saludo a Franco!

 

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«Yo confío en que muy pronto podremos estar juntos y que Paco pueda volver a estar contigo, lo que ardo en deseos de que llegue y lo ansío más por él que por mí, porque yo al fin y al cabo no tengo a nadie a quien amparar con mi presencia, mientras él te tiene a ti y a lo que pueda venir (1), y al estar separados siempre será mayor su sufrimiento».

(1) Mi abuela estaba embarazada de mi tío, Juan Salmerón Campoy.

 
 

4 de noviembre de 1939

Año de la Victoria

 

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«He recibido tu carta con inmensa alegría al enterarme de que por fin estás ya al lado de la familia de Paco, que como te quieren sé que atenderán muy bien hasta que venga lo que Dios quiera».

(…)

«De mí no tengo nada que contarte, pues seguramente es que Dios quiere que salgamos los dos a la vez (1) y lo que es menester es que ocurra así pues así la alegría será completa, y en caso contrario yo quiero ser el último, porque de esta forma al salir no tendré que pensar más que en tratar de ser todo lo feliz posible. Tú ten paciencia que todo llegará y te diré lo que me dice Evaristo (2): las personas inteligentes se distinguen por saber esperar, y tú no eres tonta…»

 

(1) Paco (Francisco Salmerón) y él.

(2) Otro de los siete hermanos de mi abuela.

 

A Guillermo lo fusilaron unos días después de escribir esta carta, entre el 7 y el 11 de noviembre de 1939.

Lo arrojaron a una fosa común. Se desconoce dónde están sus restos*, es otro de tantos desaparecidos que hacen de España el segundo país en número de asesinados sin identificar tras Camboya. Pero hay que estar orgullosos y debemos pasar página. Ellos (los herederos del franquismo) ya lo han hecho: el PP de Málaga instaló recientemente un cagadero de perros justo sobre una fosa común de la que se exhumaron los huesos de mil personas asesinadas por la dictadura, fosa que aún podría contener restos humanos. Al final han tenido que rectificar por la alarma social y la presión ciudadana.

Su hermana Carlota, mi abuela, custodia de estas cartas, falleció en 2005. La fecha exacta fue una macabra broma del destino: el 18 de julio.

 
 
 

Certificado de defunción

*Actualización (5/4/2017): Victoria Fernández me ha enviado el certificado de defunción de Guillermo, encontrado por un investigador de Cádiz, Miguel Ángel López Moreno.

 

Certificado de defunción de Guillermo Campoy Zapata

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Certificado de defunción de Guillermo Campoy Zapata

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Como podéis ver, se indica que falleció «a consecuencia de heridas de armas de fuego en el pecho y cabeza» el 10 de noviembre de 1939, a los 27 años, y que fue enterrado en el cementerio de San Fernando (Cádiz).

 

Imagen de cabecera: Ciro Quesada sobre una idea de Salva Solano (votaycalla.com)

 
 

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17 sin mordaza

  1. Qué maravilla, me ha encantado ese hombre empeñado en ser feliz y aferrado a esa esperanza de forma insobornable, ni el franquismo pudo quitársela, que ya es decir. O quizá estaba mintiendo para no hacer daño a su familia. Yo quiero pensar que no. Y que pensar en ser feliz lo hacía un poco feliz. Pero es que yo siempre he sido muy ilusa, ¿sabe? Y muy tonta, eso también. Cómo me hubiera gustado conocer a su tío en mis años mozos. Encima estaba SOLTERO, así, con mayúsculas. Me he reído mucho con eso, vaya golpe. Pero ¿por qué lo mataron? Se suponía que no lo iban a matar. Me ha sentado muy mal, encima así, de sopetón, qué disgusto. Ya soy muy mayor, ¿se lo había dicho? Supongo que lo habrá notado usted.

    Twitter: @Contra pues sí que pide esto cosas, vaya una leche.

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    1. Gracias, «señora», por tomarse la molestia de leer las cartas (esa parte de la soltería mayúscula no la he reproducido en la entrada).

      ¿Por qué lo mataron? No se pueden buscar argumentos racionales en una dictadura criminal. En parte por creerse, como tantos otros militares que sólo cumplieron con su obligación, las promesas del régimen que aseguraban que los que no tuvieran delitos de sangre no tenían nada que temer.

      Si vamos a la parte «oficial», gracias al trabajo y la amabilidad de Victoria Fernández Díaz, que se puso en contacto conmigo tras la publicación de esta entrada por mediación de la página Memoria Histórica de Cartagena, he tenido acceso a algunos documentos que trataban de justificar lo injustificable. Sin ir más lejos, el tribunal encargado de revisar su caso para tratar de dilucidar si estaba vivo o muerto, si lo habían fusilado o había fallecido «solo» en la cárcel, etc., se llamaba «Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo». Estos trámites burocráticos se llevaron a cabo en 1956 (17 años después de haberlo asesinado) y se alargaron hasta el 59 para cerrar la causa en falso.

      En uno de los informes, se dice: «Estaba embarcado en el destructor Sánchez Barcáiztegui al iniciarse el Movimiento, tomando parte activa en las detenciones de oficiales. Elemento del Partido Comunista. Propagandista destacadísimo. Sus servicios fueron prestados voluntariamente. Considerado INDESEABLE al Glorioso Movimiento Nacional».

       
      También gracias a Victoria tuve acceso a dos escritos muy emotivos:

      El primero es del juzgado de Cartagena. Está dirigido al jefe del SIP (Cádiz), fechado en junio de 1940, y pregunta «si existe en ese servicio una jaula con prendas de uniforme y otros objetos (…) para su entrega a doña Carmen Campoy Zapata [su hermana Carmela], por ser así la última voluntad del maquinista Guillermo Campoy Zapata».

      El segundo es un recibí firmado por la propia Carmela el 26 de junio de 1940: «He recibido del SIP de Marina del departamento de Cartagena una maleta enviada desde Cádiz, propiedad de mi difunto hermano Guillermo Campoy Zapata, la cual abierta a mi vista viene en perfecto estado de no faltar nada, conteniendo, además de la ropa, un reloj de oro de caballero de bolsillo con cadena, dos relojes de pulsera de oro de caballero y un sello también de oro con las iniciales «F. C.». Contiene también dicha maleta varias fotos y cartas».

      Twitter: @vota_y_calla

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      1. Gracias a usted por su amable respuesta. ¡Qué interesante todo eso que cuenta! ¡Y qué doloroso! ¿No ha pensado en seguir escribiendo la historia de su tío abuelo, al menos una segunda parte, ahora que tiene todos esos papeles?

        Es muy curioso, ¿verdad? Que haya empezado a contar usted la historia y que gracias a internet haya localizado a personas que pueden ayudar a terminar de contarla.

        Le mando un abrazo.

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  2. Pingback: Menéame: Cartas de un preso republicano «depurado» por el franquismo

  3. Bonita forma de homenajear a Guillermo, a tu abuela, a todos los asesinados… No es reabrir viejas heridas, es hacer memoria, justicia, no olvidar

    Twitter: @MiguelNNGG

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    1. Gracias, Miguel.

      De eso se trataba. Lo de no «reabrir heridas» es la excusa de los que quieren evitar que se sepa la verdad. Lo mejor es que todo quede sepultado en el olvido, como hasta ahora.

      No sé si habéis leído esta noticia:

      «Demandan a Patrimonio Nacional ante el Supremo por obstaculizar exhumaciones en el Valle de los Caídos«.

      Patrimonio Nacional (dependiente del Gobierno) pone trabas para no acatar la sentencia que les obliga a exhumar los cuerpos de dos republicanos enterrados en El Valle de los Caídos. Y así todo.

      Twitter: @vota_y_calla

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  4. Lindo homenaje Salva, lindo homenaje.

    Yo no sé de ningún fusilado en mi familia, de los de un lado porque eran pastores que se enteraron de que había una guerra cuando los mandaron a ella, del otro lado, porque fueron tibios, pero del lado correcto.
    En cambio mi padrastro – un admirable cordobés y sindicalista – se salvó porque se mordió la lengua cuando le quitaron cuanto tenía a su familia y se fue a trabajar a la mina. Supongo que asumieron que ya era bastante castigo.
    En fin, que sólo con anécdotas de estas se podría escribir un largo y triste libro.

    Sólo una pregunta general, ¿qué opináis del cambio de nombres de las calles Generalísimas y similares? Pregunto porque yo vivo en una zona donde todavía abundan, y te puedo asegurar que el alcalde que acepte cambiarlas sale del pleno protegido por la Guardia Civil y corrido a garrotazos en las siguientes elecciones. Por otro lado, es un argumento cierto en su contra que es un proceso engorroso y caro para los residentes.
    Yo propondría no cambiarlos, sino matizarlos. Por ejemplo:
    – Calle del inculto general golpista Millán Astray.
    – Calle de Serrano Suñer, Cuñadísimo.
    – Avenida del Corruptísimo Dictador Francisco Franco
    – ….
    Una carta llegaría igual a destino, pero quienes los defienden tendrían que tragarse el sapo, y quienes no disfrutarían escribiendo la dirección. ¿Qué os parecería?

    Saludos

    NB: Cuentan que en mi familia firmamos «de la Espada» porque un oficial del batallón de castigo se empeñó en que quienes tenían nombre de cosa u oficio debían llamarse «del» o «de la», y mi abuelo no estaba para tonterías. De esta forma se marchó un políticamente dudoso ex-Guardia de Asalto Juan Espada, pero regresó el ennoblecido guardia civil raso de por vida Juan de la Espada. Y dándose la familia con un canto en los dientes, como no,
    Berlanga fue un genio malévolo, pero reconozcamos que tuvo de donde sacar.

    Twitter: @VJEspada

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    1. Me parece perfecta esa ley. En Miño hace años que se cambió el nombre de la calle principal (Avenida del Generalísimo) y no hubo ningún problema (y eso que gobierna el PP como podéis ver en la entrada* que escribí para este blog ). Aunque creo que en google y gMaps aún la llaman igual.

      En Coruña por fin se han cambiado los nombres y no supone ningún problema. Eso si, debajo de la nueva placa ponen otra más pequeña con el nombre de la antigua calle.

      * Perdón por la autopropaganda

      Pd: Ahora es cuando Salva inserta el link en la palabra «entrada» XD

      Twitter: @MiguelNNGG

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    2. Tu propuesta para el nombre de las calles, como broma, me parece estupenda. Habría cierta justicia poética en ello.

      En mi opinión es una aberración que esas calles todavía sigan así a pesar de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, que va a cumplir diez años. Los mismos que se aferran al acatamiento estricto de las leyes cada vez que les interesa, no han tenido reparo en incumplir esta (y otras).

      Mi abuela (la hermana del protagonista de esta entrada) vivió hasta su muerte a unos metros de la avenida más larga de Santiago de la Ribera. ¿Adivináis cómo se llama? Avenida Francisco Franco. Y sí, digo se llama porque a pesar de la ley, nadie le ha cambiado el nombre todavía, ni tiene pinta de que se lo vayan a cambiar en breve.

      Allí vive su hija ahora.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. ¿Quién dijo broma? En muchos pueblos la ley no llegará a aplicarse porque el acuerdo tácito de olvido sigue vigente, y seguirá siendo así mientras no cambie la cultura local, diga lo que diga la ley.

        Por otro lado, enfocamos como un problema el nombre de las calles cuando la memoria es reciente, pero si aplicásemos la lupa histórica, ¿Cuántos nombres de calles con reyes, obispos, papas, guerreros, conquistadores y gañanes diversos habría que cambiar?

        Por eso, porque sé cómo son las cosas en los pueblos de mi entorno y no se parecen en nada a cómo deberían ser, hago mi propuesta: mantener el nombre del individuo o individua, pero calificado objetivamente.

        Por ejemplo, ¿a ti te molestaría vivir en la calle de «La Pasionaria, Revolucionaria Comunista»? Pues espero que a nadie le moleste vivir en la calle del «Dictador Golpista Francisco Franco». Mola, por lo de «cada vez que oigo la palabra cultura…», y a Serrano Suñer se le conocía como «El Cuñadísimo» en los propios ambientes franquistas. Así que, ¿por qué no?

        Cierto que habrá otros entornos – ciudades grandes, pueblos donde las barbaridades no fueron tantas, o lugares más evolucionados socialmente – donde el cambio sea posible, pero al menos en la ruralidad profunda española, tengo serias dudas. Por tanto, pensemos diferente, y pensemos para todas las posibles situaciones, que barbaridades han habido muchas a lo largo de nuestra historia, y más de un gañán sanguinario hay en nuestros callejeros.

        Obviamente, este es mi parecer totalmente personal, sólo quería saber si en otros lares pasa lo mismo, y qué solución se os ocurre que no sea la de imponer por la fuerza.

        Saludos, Juan de la Espada.
        Llevador de contrarias por sistema.

        Twitter: @JuanDeLaEspada

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        1. Ah, pues si va en serio, tu propuesta la veo bastante quijotesca. Si antepones los adjetivos (totalmente verídicos) de dictador golpista a Franco, la derecha y sus medios conseguirían que lo de Puerto Hurraco se quedara en una pelea de almohadas.

          Yo haría cumplir la ley. Ya me parece mal lo que comenta Miguel sobre La Coruña (ocurre igual en otros sitios), esto es, poner otra placa debajo con el nombre antiguo. Sólo lo permitiría de manera temporal.

          Creo que en la mayoría del territorio español no habría problemas, quitando los cuatro frikis nostálgicos de turno. Y la solución para la «ruralidad profunda española», dejémosla en las sabias y curtidas manos de Pablo Casado.

          Twitter: @vota_y_calla

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  5. Hola Salva he encontrado esta página por casualidad. Soy nieto de Carmen Campoy Zapata e hijo del hijo ilegítimo que tuvo, Guillermo Lozano Campoy con el que vivió hasta su muerte. Me gustaría saber algo más de ti ya que somos familia.

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