Los amigos de los asesinos

 

Aprovechando que los odios y las inquinas apuntan para otro lado, hoy me quito la mordaza para hablar de lo que sucedió alrededor de los atentados y las muertes de Cataluña (Las Ramblas, Cambrils, Subirats).

 

 

Los amigos de los asesinos

 Atentado de Las Ramblas

 

De entre las múltiples cosas que no me gustaron de esos días, una de las principales fue el sonrojante papel de la prensa española (nota: cuando digo española, incluyo también a la catalana), con prisas, sin reflexión, trabajando a todo correr, pensando sólo en la audiencia o los clics, cagándola una y otra vez. Daban una noticia que contradecía a la de ayer, y tres horas más tarde se volvían a desmentir a sí mismos.

Dijeron, por ejemplo, que los policías habían detonado los explosivos de los terroristas de forma controlada, cuando no había tales explosivos, o que una agente había matado a cuatro yihadistas, aunque este pistolero fue un hombre.

 

Aparte de la prensa, que ya sabemos cómo está, esta vez hubo una inquietante novedad que me sorprendió para mal: las grabaciones de personas que, momentos después de la masacre de la furgoneta, paseaban por Las Ramblas grabando todo con su móvil y subiéndolo a las redes sociales. Paseando, macho, y grabando aquello, los cuerpos agonizantes, la sangre y los cadáveres por el suelo, para conseguir unos cuantos me gusta o unas decenas de seguidores. Pero ¿qué tiene esta gente en la cabeza?

 

 

También me asquean los que rentabilizan los atentados, como los que aprovechan para justificar su racismo. ¿Veis? Son peligrosos, no sólo vienen a quitarnos nuestros trabajos, también quieren asesinarnos…

Aunque la derecha incendiaria ha actuado con la peligrosa e impune irresponsabilidad de siempre, llegando a echarle la culpa a la alcaldesa de Barcelona de los asesinatos, esto no ocurre sólo en esa trinchera: aún me acuerdo aquel tuit de una de estas sacerdotisas del neofeminismo talibán, que escribió que los atentados de Francia eran una muestra más de la violencia machista.

 

 

De nota la cuenta de Twitter de la Fundación Internacional de Derechos Humanos.

Los mossos llamaron a la colaboración ciudadana para tratar de encontrar al autor del atropello, razón por la cual dieron la máxima información posible sobre su aspecto físico:

 

 

 

A lo que la fundación de DDHH contestó:

 

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No puedo insertar el tuit porque me bloquearon por decir: «cómo están las cabezas»

 

 

La explicación de dicha fundación a este absurdo reproche a los mossos fue: «la información sobre la piel, sea la que sea, no debería una característica a publicar cuando se busca a un sospechoso».

La estupidez de lo políticamente correcto llevada al extremo. El deporte favorito de mi izquierda.

 

 

Si todo quisqui intenta llevarse los muertos a su miserable parcela, los gobiernos no iban a ser menos: cada atentado les sirve para apretarnos un poco más las cuerdas, para aumentar el nivel del miedo y que, en lugar de protestar, les agradezcamos que nos recorten derechos y libertades mientras violan nuestra privacidad.

 

 

Y cómo no, los odiadores. Si lo leído en las redes sociales y lo escuchado en conversaciones en la calle tras el atropello mortal de Las Ramblas, es un fiel reflejo de lo que somos, damos asco. Sed de venganza, acusaciones mutuas…

Al mirar arriba encontramos una de las causas de este comportamiento. Los que deberían imponer sensatez, desde medios a políticos, se dedican a azuzar el odio. Carroñeros como Isabel San Sebastián, entre los primeros, o Santi Abascal, entre los segundos.

 

 

 

Hay gente condenada a penas de prisión por escribir chistes o canciones, y sin embargo, disparates como este de un representante público, infinitamente más graves, quedan impunes.

¿Cómo «que la policía mate a los terroristas»? ¿En qué país creen algunos que viven? Lo que debemos exigir, ante un delito cualquiera, es que se detenga y se juzgue a los culpables. ¿Cómo que «la policía mate»? ¿Qué es esto, el salvaje oeste?

Al final, la policía, los mossos, mataron y mil energúmenos aplaudieron. Bravo. Sangre, muerte, ojo por ojo.

Los hay, incluso, y hablo de cientos, tal vez miles, que difundieron una imagen muy desagradable, que me gustaría no haber visto, del último de los terroristas muerto a manos de los mossos en Subirats. Su cara estaba manchada de sangre seca que brotó de la boca y la nariz.

Para alegrarse de la muerte de alguien, sea quien sea ese alguien, hay que estar vacío por dentro, y más si para mostrar su entusiasmo encima difunden imágenes repugnantes. Insensibilidad, crueldad, brutalidad… inhumanidad.

Los que piden venganza en lugar de justicia son los mismos que ante las torturas, se practiquen estas en España o en Guantánamo, dicen se lo merecen, algo habrán hecho, que se jodan… o miran para otro lado o hasta las reclaman: que esos cerdos griten en prisión, que prueben de su propia medicina, la cárcel no es suficiente, etc. Como si la tortura no fuera intolerable siempre, independientemente de lo que haya hecho la víctima.

A mí me repugnaría que torturaran a un cura pedófilo o a un neonazi, por más asco que me den (aunque en España esto no ocurre, los abusos policiales van por otro lado). Ni siquiera apruebo cuando a un gilipollas le dan un puñetazo en una manifestación por levantar el brazo. ¿Buenista? Pues vale.

 

SPOILER DE BLACK MIRROR -sólo este párrafo-:

Hay un episodio de la tercera temporada de Black Mirror, Man against fire, traducido como La ciencia de matar, en el que los soldados llevan un implante que les hace ver a sus objetivos, entre los que se encuentran civiles desarmados, ancianos y niños, como monstruos sedientos de sangre. Así se libran de remordimientos al asesinarlos.

Esto es ficción, pero a vosotros, ¿quién os colocó el implante? Porque por lo que leo y escucho, estoy convencido de que si os dieran un aparatito con un botón y os explicaran que al pulsarlo le provocaríais la muerte o una hemiplejía a Ada Colau, o a Rajoy, o a Puigdemont o a un antidisturbios o a uno de la CUP, y que no tendríais repercusión legal alguna por hacerlo, muchos pulsaríais el botón sin dudar, con una sonrisa sádica en la boca.

Es odio cerril. No es ya que al enemigo ni agua, es que si tiene sed hay que llenarle la garganta de arena.

Y estos son los que, si tratas de buscar una explicación al terrorismo islámico que se salga de «es que los moros son muy malos» (tanta universidad privada y tanta gaita, y ese es el análisis más profundo que son capaces de hacer algunos), te acusan de «simpatizar con los asesinos».

Yo creo que está más cerca de los asesinos el que pide o celebra un asesinato.

 

 

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Imagen de cabecera: Andrés Faro

 

 

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6 sin mordaza

  1. Buenas Salva! Ese episodio de Black Mirror es épico y ejemplifica perfectamente todo tu artículo. La cuestión es ser consciente de que uno lleva ese implante y cambiar la situación; eso le honra. Pero algunos jamás se lo llegarían a plantear, e incluso muchos, sabiéndolo, no harían nada porque el odio es su alimento. El odio hacia lo desconocido, hacia los otros, hacia lo diferente. “A por ellos” clamaban las masas aborregadas cuando la GC partía hacia Cataluña, porque sabían que iban a repartir estopa a gente a la que ni siquiera conocían. Gente desconocida, pero que tenía sus mismas emociones.

    Un abrazo.

    Responder
    1. ¡Ey, David!

      Tenemos los mismos gustos en series, por lo que veo.

      Volviendo al tema del artículo, es que esos que tú dices son los íntegros, los coherentes, los comprometidos. Nosotros somos, al perecer, un par de buenistas equidistantes.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Se me olvidó comentar que me ha llamado la atención el tuit de Derechos Humanos contestando a los Mossos sobre “piel oscura”. Y sí, estoy de acuerdo en que la corrección política y el flanderismo de “nuestra querida izquierda” está llegando a niveles alarmantes.

        Responder
        1. Claro, como aguantaste tan poco en Twitter (y no me extraña, ya te avisé), no te dio tiempo a verlo.

          Pues sí, la estupidez de lo políticamente correcto está superando el umbral de mi tolerancia. A este ritmo, en unos años vuelvo a la abstención.

          Twitter: @vota_y_calla

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  2. Buenas tardes: Salva.

    Aunque respeto, tus ideas y estoy de acuerdo en casi la totalidad de tu articulo.
    Quizas. Yo no sea tan humano o tolerante. Un matiz me separa de tus ideas.

    En ciertos casos, en los que los delitos, atentan contra inocentes y con extrema crueldad, considero que se deviera ser mas severos y proporcional a la gravedad de los hechos.
    En mi opinion. Los Sentimientos y reacciones de las personas, son distintas, si te toca de cerca y no has tenido tiempo para asimilarlo y recapacitar.
    En un pais supuestamente, “civilizado”. No entiendo, como milllones de camicaces que salimos a diario por las carreteras, con un arma con ruedas, saltandonos las normas y haciendo verdaderas locuras, sin medir las consecuencias que pueden acarrear nuestros actos.
    No entiendo a los hinchas descelebrados, del futbol, que quedan para celebrar una batalla campal rompiendose la cabeza y destrozando todo lo que se encuentran.
    No le encuentro sentido, que se puedas matar a tus propios hijos, por “joder” a tu exmujer.
    No entiendo la falta de humanidad hacia los animales, y hacia nuestros semejantes. etc…
    Quizas, somos demasiado blandos y las penas por ciertos delitos , sean muy comodas de pagar.

    Tienes todo mis respeto, y me gustaria ser tan permisivo como tu, pero sinceramente no me sale.

    Salu-2 a tod@.

    Responder
    1. Hola, Rekuer2,

      A mí me pasa algo similar a lo que dices al final del comentario, pero a la inversa. Me explico: «no me sale» disfrutar viendo la cara ensangrentada de alguien en el suelo, aunque ese desgraciado hiciera lo que hizo en Las Ramblas.

      No sé si soy permisivo. No con este cabrón. Pero me hubiera gustado que se le detuviese, juzgase y, en su caso, pasase cuarenta años en prisión. Si permitimos que las fuerzas del orden se tomen la justicia por su mano en determinadas ocasiones, luego no podremos reprochárselo si se la toman también en otras.

      Respecto a las penas, en algunos casos puedo estar de acuerdo contigo (especialmente, las penas relacionadas con delitos económicos, es decir: las que afectan a los que tienen más dinero). No obstante, te recomiendo que le eches un vistazo a esto:

      Siete claves sobre la prisión en España

      De cualquier manera, de la dureza del Código Penal podría discutir, pero sacando del debate la cadena perpetua, las torturas, la pena de muerte o los asesinatos extrajudiciales.

      ¡Un saludo!

      Twitter: @vota_y_calla

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