Adiós, princesa. Hola, reina

Saludos, «multitudes» que salisteis a la calle y engalanasteis los balcones para rendir pleitesía a vuestro nuevo señor. Hoy nos quitamos la mordaza para hablar de la monarquía, del aborto… y de la hipocresía.

 

Adiós, princesa. Hola, reina

Dado que hemos elegido seguir con la monarquía parlamentaria… Ah, ¿que no? ¿Que no lo hemos elegido? Qué cosas, qué democracia tan rara. Bueno, pero lo habríamos elegido si nos hubieran dejado. Igual que la Policía del Pensamiento (curiosas siglas, también PP) combatía a los «crimentales» en 1984, nosotros somos «votamentales», y Rajoy sabe lo que hay en nuestra cabeza sin necesidad de referéndums ni chorradas, como buen Presidente del Pensamiento.

En fin, en cualquier caso, como la monarquía está en boca de todos, creo que podría resultaros interesante leer algunos fragmentos de Adiós, princesa, el libro del primo de Letizia Ortiz, David Rocasolano.

También está tristemente de actualidad la reforma de la ley del aborto que el Gobierno tiene intención de aprobar este viernes. A este respecto, os transcribo un ejemplo muy gráfico (lo mejor del libro) de la hipocresía de nuestros nuevos reyes, especialmente de Letizia. De esta repulsiva anécdota y de este libro ya hablé por encima en otros dos artículos: Feliz 1984, chicas y Ver Intereconomía. Os vuelvo a recomendar su lectura íntegra (Ediciones Akal, 2013). Pero mientras tanto…

 

viñeta Abdicación, humor, monarquía, felipe VI

Crédito: Ferreres / El Periódico


 
 

Septiembre de 2003. Conversación a tres antes de la boda de Felipe y Letizia

 

«—Tuve un aborto voluntario hace un año en la clínica Dator de Madrid.

—Bueno, a ver —dije tras procesar la información durante algunos segundos—. Estamos en el siglo XXI, ¿no? Si no ha pasado nada con lo del divorcio, un aborto…

(…)

—No, no, no David no lo entiendes —me cortó Letizia con un tono de voz más alto de lo normal—. Si esto lo sabe la madre de Felipe, la boda es inviable.

—Vale, vale. Tranquila. ¿Qué quieres que haga yo?

—Quiero que vayas a la clínica y limpies todos los papeles que hay allí.

—Es muy importante —intervino Felipe por primera vez—. Asegúrate de que nadie va a tener jamás acceso a esos datos.

(…)

Por la actitud de Felipe durante aquella tarde, calculé que Letizia se lo habría confesado muy pocos días antes (…) supuse que el padre de la criatura había sido el periodista David Tejera (…) Supe que Letizia había actuado a espaldas de David, a quien nunca confesó su embarazo».

«No se trataba únicamente de ocultárselo a Juan Carlos, a Sofía y a la opinión pública (…) Letizia no es tonta y sabía, como yo, que el problema más grave era la Iglesia. Según el Derecho canónico, mi prima estaba excomulgada (…) Rouco casó a una princesa excomulgada».

 
 

La princesa Letizia va entrando en su papel

 

«—Imposible, David (…) Ya sabes que todos los domingos, a las doce, voy a misa.

Me quedé absolutamente anonadado. “Ya sabes”. Lo que yo sabía es que Letizia no había pisado una iglesia desde su bautizo. Ni siquiera el día de su primera boda».

 

Fotografía Letizia Ortiz Rocasolano comulgando, aborto

Oigan, señores de la Iglesia. Cuando amenazaban con excomulgar (¡uuuh!) a quienes abortaran o colaboraran en un aborto, se olvidaban de esta mujer

 
 

Conozcamos un poco más a nuestra reina Letizia

 

«A Letizia nunca le ha interesado la política. Ni siquiera creo que la comprenda. Su discurso, en ese sentido, fue desde siempre bastante impropio de una persona que se dedica a la profesión periodística. Se limitaba a generalizar y a decirlos tópicos habituales: que todos los políticos, del color que sean, están ahí sencillamente para chupar del bote. Que los sindicatos viven de la jeta y de la subvención… Y extendía esta idea, cómo no, a los miembros de la Casa Real. Hasta que conoció a Felipe, por supuesto».

«Uno de los mitos más divertidos que ha aireado la prensa lacaya sobre mi prima es el de la voraz lectora. Mi prima no ha leído jamás otra cosa que periódicos, algún best seller tipo Grisham o los libros que le obligaron a leer en el colegio y en la facultad».

«Cuando Letizia se fue a México a hacer aquel doctorado que nunca terminó, eligió el país por el idioma, ya que no tenía ni pajolera de inglés».

 
 

Los hábitos de nuestros nuevos reyes. Austeridad

 

Descripción de la casa que le pagamos al príncipe en 2003:

«Durante los quince minutos de trayecto [en coche] entre la barrera de seguridad y el pabellón principesco, puedes cruzarte con una manada de ciervos en libertad, o con un gamo o algún jabalí (…) Una enorme construcción de granito de dos plantas con grandes ventanales. Más de cuatro millones de euros en piedra y madera que estaban a punto de convertirse en el nuevo hogar de mi querida prima (…) Felipe y Letizia me recibieron en el gran salón de la planta baja. Más de 200 metros cuadrados».

 

Respecto al vino, Felipe no es como su padre, pero:

«Felipe bebe como cualquier persona normal. Un par de vinos en la comida y un par de copas en las fiestas».

«No creo que el sueldo de Letizia [60.000 euros anuales, en aquel momento] alcance ni mucho menos el presupuesto de la Casa del Príncipe en vino. Y no porque Felipe beba mucho, ya se ha dicho. Pero sí que bebe muy bien».

«Felipe descorcha su botella de Vega Sicilia de 250 euros [un día cualquiera, un lunes], la vierte en el decantador y cada uno se sirve».

 

«Bajamos a los sótanos y Letizia abrió un portalón (…) Cuando se encendieron unas tenues luces (…) ante mí se abría una vinoteca particular inmensa. Paseamos por el laberinto de anaqueles pisando arena de playa (…) Felipe me aclaró:

Es arena de playa. La traen expresamente de una playa del índico porque tiene las condiciones perfectas para mantener la humedad.

(…) Yo también he comprado y he bebido botellas de Vega Sicilia. Me resulta imposible aproximar un cálculo del dinero que habrá allí invertido en vino».

 

Patrimonio nacional (ja):

«Hemos estado preparando los coches que les vamos a entregar a doña Elena, a don Jaime y a tu prima (…) Mira, ese plateado, el V50, es el de Letizia.

Cuando salí de allí, no tardé en llamar a mi prima.

—Hola, Letizia. ¿Cómo estás? He visto tu coche (…) El Volvo que os regalan.

La respuesta fue contundente, categórica y nada cordial.

—David, a nosotros nadie nos regala nada —silabeó muy rotunda— (…) Esos coches son de Patrimonio Nacional».

Claaaaaro, Letizia, claro. Como el Fortuna, el yate del rey. Cuando los empresarios y el gobierno balear (2,5 millones de dinero público) se lo regalaron, también nos vendieron esa moto. Curioso regalo el que te hacen para que lo disfrute otro, aunque siempre nos quedaba la esperanza de venderlo cuando el rey se cansara de su juguetito. Pero ya sabéis lo que ha pasado cuando ha renunciado a usarlo en «solidaridad» con los españoles que están pasando mal: los empresarios han pedido que se les devuelva, y así se ha hecho. Esto es una tomadura de pelo de las gordas.

 
 

El colmo de la hipocresía

 

«Pero mi prima llegaría a superarse. Fue una noche, en una cena bastante concurrida de Jaime del Burgo (…) Fue precisamente en casa de Jaime donde mi prima superó todos los registros de hipocresía que he podido ver a lo largo de los años (y recuerdo que soy abogado) (…) Del Burgo es nieto de un carlista reconvertido en franquista (…) El padre de Jaime es un histórico del PP (…) El hecho de que la familia de Jaime tenga un profundo arraigo en el Opus Dei quizá influyó en las palabras de Letizia aquella noche. Pero podría haberse quedado callada. (…) estaban entrampados en una discusión sobre si es o no lícito abortar cuando se sabe que el feto presenta malformaciones. La opinión mayoritaria, o creo que unánime, era que no. Que no se puede abortar bajo ninguna circunstancia.

—Mira, yo —decía una—, mi hijo, o sea, por encima de todas las cosas. Venga como venga.

—¿Y si está en peligro la vida de la madre?

—Bueno, no sé. Pues mira. Adelante. ¿No?

Preferí no intervenir. ¿Para qué? Entonces Letizia abrió la boca. Letizia habla poco, pero cuando se suelta es un torrente. Y todo el mundo se calló para paladear sus opiniones.

Yo creo que un ser, cualquier ser que te mande Dios, debe ser respetado. Si a mí mañana me hacen una amniocentesis, y descubren que mi niño está mal, es que Dios quiere que ese niño venga así al mundo. Yo no lo dudaría. Lo tendría.

Felipe la escuchaba sonriente. Letizia buscó la aprobación de todos con una mirada fugaz que no se detuvo en mí. Yo, que había recuperado los papeles de la clínica Dator, le susurré a Patricia [la pareja del primo de Letizia en aquel momento] que nos íbamos. Que se nos hacía tarde».

 

fotografía cersei lannister

Cersei Lannister, de la serie de TV Juego de Tronos

 
 

Los oligarquitas (así llama el autor a los amigos de Felipe)

 

«Los amigos del príncipe son unos seres imaginarios y risueños que viven en los Mundos de Yupi (…) Las conversaciones de los oligarquitas siempre eran iguales. Siempre estaban preparando unas nuevas vacaciones a lugares remotos. Y, cuando regresaban de sus remotas vacaciones, empezaban a hablar de que necesitaban pasar unos días en tal o cual sitio para relajarse. Entre vacaciones y pasar unos días, se consumía la vida de estos hacendosos jóvenes que se acercaban, agotados, a los cuarenta».

«Pues la semana que viene me marcho a Ucrania, ¿sabéis? —nos explicaba Coco—. Me voy a cazar lobos allí unos días».

«Los amigos de Felipe representaban todo lo que Letizia detestaba antes. La hipocresía, la falta de compromiso, el ocio como lugar de trabajo, la más absoluta frivolidad, el desdén hacia los que no son de tu clase, el arribismo, la estupidez. Pero su capacidad de adaptación es digna de estudio científico».

 
 

Sobre Juan Carlos I, el rey que se sacrificó por la democracia

 

«—¿Y qué le pareció El negocio de la libertad, majestad?

(…)

El negocio de la libertad, una investigación del periodista Jesús Cacho publicada en el año 2000 por esta misma editorial, todavía escocía en Palacio. Yo la había leído en la fecha de su publicación, y me sorprendió por su valentía y por su rigor investigador. Por primera vez, que yo conociera, un periodista se atrevía a denunciar sin tapujos los negocietes de Juan Carlos. Los 100 millones desaparecidos de KIO que, según Javier de la Rosa, fueron a parar a la buchaca real. Los manejos cuasi mafiosos del, aunque manco, brazo derecho del rey, Manuel Prado y Colón de Carvajal. Las amistades peligrosas con MarioConde. O las sombrías piruetas económicas de Sabino Fernández Campos en beneficio de su majestad.

(…)

El rey tardó en reaccionar (…)

—Sí, sí —arrastró las palabras—. Lo de Jesús Cacho… Menudas dos hostias le daba yo al Jesús Cacho ese si se me pusiera delante».

 

«El rey no respeta nada ni a nadie. Vive para mayor gloria de su propia persona (…) Da la impresión de que se ha creído su papel, de que ha interiorizado que es un ser superior que merece el vasallaje, y va por la vida luciendo una displicencia absoluta, un desinterés indisimulado hacia todo lo que no sea él».

«Durante aquella cena tediosa, cuando terminó su plato, sin esperar a que acabaran los demás, Juan Carlos encendió un Cohíba de 25 centímetros (…) Seguí tragándome el pescado y las ganas de mandar al rey a fumarse el puro al Valle de los Caídos, que hay más aire libre (…) aquellas espirales de humo se dirigían, empecinadamente, no recuerdo si al Sorolla o al Velázquez que cuelgan de la pared, pegándose al óleo (…) No sé qué pensaría un conservador del Patrimonio Nacional si estuviera sentado con nosotros a la mesa. Supongo que se habría quedado tan callado como me quedé yo. Y que pensaría, como yo, que el rey no es muy considerado. Ni con nosotros, ni con el arte, ni con nada».

 

«Jamás he visto al rey, ni a cualquier otro miembro de la familia real, con un libro en la mano».

 

viñeta El Jueves el rey abdica, censura, rba, orgullo y satisfacción

La viñeta que censuró RBA (la editora de El Jueves), provocando la salida de 20 dibujantes y guionistas

 
 

Un momento tenso. El funeral tras el suicidio de Érika Ortiz, la hermana de Letizia

 

«Entonces, ocurrió algo. Al acercarse al ataúd, Antonio Vigo rompió a llorar ruidosamente. Un llanto desgarrado, un llanto macho que resonaba en las bóvedas de la pequeña iglesia. El silencio en que se quedó el templo acrecentaba aún más la ferocidad de aquellos gemidos, casi gritos. Y, entonces, Antonio Vigo, el tímido, el apocado, el asustadizo, se volvió hacia el rey y gritó:

¡Vosotros! ¡Vosotros tenéis la culpa! ¡Tú tienes la culpa, hijo de puta! ¡Vosotros la habéis matado!

Las mejillas blandas de Juan Carlos temblaban mientras mantenía la vista al frente para evitar los ojos de Antonio Vigo. Felipe inclinó la cabeza. Los ojos de Letizia no le cabían en las órbitas y estaba pálida y desencajada (…) En aquel momento, me sentí orgulloso de haber sido amigo de Antonio. Había dicho con valentía lo que yo también pensaba. Ellos habían expuesto a Érika a la voracidad mediática, a una vida vacía y sin intimidad, y no habían hecho el mínimo esfuerzo para protegerla.

(…) Cuando salió Juan Carlos, Letizia, ante los cientos de fotógrafos, se arrodilló ante el rey, quizá pidiendo disculpas por la escena protagonizada minutos antes por Antonio Vigo. Fue un gesto claro que demostraba a quién pertenecía ya mi prima. No se arrodilló ni ante Paloma ni ante Chus, los padres de Érika, sus padres. Se arrodilló ante Su Majestad el Rey de España. Sentí asco».

fotografía Letizia Ortiz funeral Erika
 
 

Felipe confiesa su miedo a los referéndums

 

«No compete a la institución dicho impulso de reforma constitucional [para acabar con la injusta preeminencia del varón en la sucesión a la corona]. La reforma y su proceso, creo yo, no debiera hacerse de manera puntual para este asunto. Debería hacerse en un marco de reforma parcial que englobara no solo las cuestiones relativas al heredero de la Corona, sino de otras instituciones tales como el Senado. Pero, como te he dicho, no será la institución la que impulse dicha reforma (…) Quizá los mecanismos de reforma constitucional previstos para el título II, en comparación con el resto de reformas, a excepción de la referida a derechos fundamentales, conviertan dicha reforma en un plebiscito, en un referéndum sobre la idoneidad de la monarquía parlamentaria. Porque tan malo sería una abstención del voto de los españoles en una hipotética reforma de la Corona, como un voto negativo. No obstante, quizá no es el momento más adecuado».

 
 

¿A quién quieres más, a PP o a mamá?

 

«—Oye, Felipe. Una pregunta indiscreta. ¿A vosotros quién os gusta más en el Gobierno? ¿El PSOE o el PP?

—Hombre, David. Estamos más cómodos cuando gobierna el PSOE. Nos dejan bastante más libertad que el PP (…) Pero no nos inmiscuimos en quién ha de gobernar o no.

A mediados de mayo de 2012 el aserto de Felipe se hizo más que patente. El Gobierno de Mariano Rajoy obligó a Sofía a cancelar su asistencia al 60 aniversario de Isabel II en el trono, algo que dejó bastante en evidencia, o incluso un poco en ridículo, a los miembros de nuestra familia real. El motivo fue el conflicto diplomático que enfrentó en esos días al Gobierno de Rajoy con Gibraltar a causa de la titularidad de las aguas. Era un momento delicado desde el punto de vista diplomático, pero no creo que un Gobierno del PSOE hubiera obligado a Sofía, jamás, a cancelar un compromiso firme con los miembros de la Casa Real británica».

 
 

Apuntes sobre los miembros de la Casa Real

 

Sobre Juan Carlos, aparte de lo citado arriba, insiste en que es poco brillante intelectualmente, altanero y soberbio (a este respecto no puedo dejar de indicar que la imagen que se da de Juan Carlos en este libro es totalmente opuesta a la que ofrece Alfonso Guerra en sus memorias).

Sofía: «buena persona».

Felipe: «cercano, accesible e inteligente».

Cristina: «agradable, cariñosa».

Iñaki Urdangarin: «cercano y con mucho sentido del humor».

Elena: «Yo no sé si Elena tiene algo, desde el punto de vista médico. Pero cualquier persona que pueda mantener con ella una conversación de diez minutos se da cuenta de que algo falla».

 

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Música: El bastón del diablo, de Tierra Santa

 

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Crédito de la imagen de cabecera: Orgullo y satisfacción, la revista que han creado los veinte dibujantes y escritores de El Jueves tras su marcha por la no censura de la editorial RBA. Que no, que no hubo censura, que eso sólo pasa en Corea del Norte, que se marcharon los veinte a la vez por casualidad, ca-sua-li-dad.

5 sin mordaza

  1. La hipocresía de la Iglesia es legendaria. Se supone que ”sus estatutos” o leyes por las que se rigen, LA SAGRADA BIBLIA, se la pasan por el forro de los… Vamos, lo mismo que hacen los gobiernos y la Casa Real con la constitución. Ahí tenemos el último anuncio del Gobierno contra la corrupción. Es como si ETA hiciera un anuncio diciendo ”No al terrorismo”.
    En fin, gracias por compartir esta información. Muy buen artículo.
    Por cierto, ¿Qué credibilidad le das a la información publicada en ese libro?

    Responder
    1. Exactamente, o como si la Iglesia hiciera un anuncio contra la pederastia. Que el Gobierno pague (con nuestro dinero) anuncios contra el fraude fiscal a pequeña escala, contra los ciudadanos que no abonan el IVA de pequeñas reparaciones o servicios, es para echarse al monte. Un Gobierno sustentado por un partido que ha tenido durante vete tú a saber cuánto tiempo (¿desde siempre?) una caja b, es decir, de dinero negro. Y el dinero negro no se tiene precisamente para pagar IVA.

      En fin, vayamos al tema del artículo, a tu pregunta sobre la credibilidad que le doy al libro de mi semitocayo. Pues, sin poner la mano en el fuego, le doy bastante credibilidad (si no, no os lo hubiera traído). ¿Y por qué? Por varias razones:

      1) En el libro se muestran los documentos de la clínica que probarían el aborto voluntario de Letizia.

      2) No ha habido denuncia alguna de la aludida ni de la Casa Real al respecto. En cambio, desde la Zarzuela se han encargado de intentar silenciar este peliagudo asunto, tanto presionando a los medios de comunicación (que obedecieron como buenos vasallos), como dificultando la distribución del libro.

      3) Es menos relevante, ya hablamos de instinto o psicología, pero algo en la manera de hablar y de escribir del autor me dice que puedo fiarme de él. Como me pasa contigo: no te he visto en mi vida, pero intuyo que eres un tío de fiar ;)

      Responder
  2. Pandora Groovesnore 26/06/2014 a las 14:25

    Vaya repaso le hace el primo a la familia real! Y supongo que se habrá guardado algún as en la manga ¿no? Quiero decir que cuando publicó el libro dejaría algún video del tipo “si me estáis viendo ahora es señal de que estoy muerto” o “dejo para una segunda parte del libro lo más jugoso” etc. Realmente es bochornoso que nos quieran hacer comulgar con esta caspa poniéndola como ejemplo de virtud, unión, seguridad etc. Lo de los últimos días de uno y primeros días del otro es de vomitona. ¡Pero si es una familia completamente desestructurada! Los padres no se hablan desde el siglo pasado, al suegro no le gusta un pelo la nuera, el cuñado es un chorizo y su mujer le hace la ola, el otro era un consumidor a gran escala de coca y además le inventaron una licenciatura para que su currículum dijera algo y poder justificar su puesto de trabajo como economista… Vamos lo normal de cualquier familia… El cabeza de familia es un comisionista de la leche con sus trapis de venta de armas, combustibles diversos etc.
    Que no somos tontos joer!!! Vendednos la burra monárquica como queráis, pero no precisamente apelando a la familia como ejemplo, porque eso es un puertohurracos!!!

    Responder
    1. ¡Jajaja! “¡Eso es un puertohurracos!” XD.

      Pues parece ser que sí se ha guardado un “as”, sí. Hace cosa de un par de meses leí que está escribiendo la segunda parte, que irá de las presiones y demás que ha sufrido a raíz de la publicación del libro (el tío se marchó a vivir al extranjero). También hay transcripciones de conversaciones grabadas con periodistas al respecto, donde parece que estos no quedan muy bien. Y creo recordar que lo tenía que editar en el Reino Unido, porque en España no hay ninguna editorial que se atreva.

      Responder
  3. Qué vergüenza de gente, pero la culpa no la tienen ellos, sino el pueblo cateto, cobarde y servil que les baila el agua. Si por mí fuera estarían ya en Estoril…

    Responder

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