Archivos Anuales: 2019

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¿Quién teme a Greta Thunberg?

 

Después de tres meses y medio sin desahogarme en Vota y Calla, hoy vuelvo a quitarme la mordaza gracias a (o por culpa de, según quién lea esto) Greta Thunberg.

 

 

¿Quién teme a Greta Thunberg?

 

Pues ya ha comenzado la COP 25, la Cumbre del Clima de este año.

Sabéis que iba a celebrarse en Chile, pero como allí el gobierno está muy ocupado asesinando y dejando tuertos a manifestantes, la han trasladado a Madrid.

Y viene Greta Thunberg. Qué risa, ¿eh? Greta, la niña rara esa. Un topo del capital, una infiltrada del sistema. Y qué fea, y qué cara de mónguer tiene. A nosotros no nos la da.

No lo entiendo. Os juro que no lo entiendo. De la derecha, era de esperar, pero no me explico esta inquina contra ella desde la izquierda.

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Todo es mentira

 

Hoy me quito la mordaza para quejarme del sectarismo y la infantilización a los que nos están abocando los medios.

He tomado como ejemplo el programa de televisión Todo Es Mentira, pero valdría cualquier otro.

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Políticos y mendigos

 

En estos momentos de reparto de concejalías y juntas de distrito, me quito la mordaza para traeros una historia «costumbrista» que ilustra lo que siento por los protagonistas de estos chalaneos.

 

 

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Mi primera vez

 

Colocas dos almohadas y el cojín naranja contra el cabecero de la cama; el lápiz, el flexo y el bloc en la mesilla; todo mecánico, sin pensar, en realidad pensando en otras cosas, sin ser consciente de lo que estás haciendo. El presente no existe, el aquí y ahora son ficticios, serías el peor alumno de un templo budista.

Así abres el libro, un gesto repetido también mil veces, tan natural como coger el tenedor o el vaso, y entonces recuerdas de golpe. Tomaste el libro porque intuías que te iba a costar dormir y tenías la intención de aprovechar el desvelo para revisarlo (apenas has tenido la oportunidad de echarle un vistazo por encima). Después, el hábito te llevó en volandas hasta la cama.

Lo giras para mirarte con más vergüenza que orgullo en la contraportada, y nada de todo eso termina de ser real. Quizá por la hora, es medianoche, y la noche y tú ya se sabe.

Ha sido un día largo, tres cafés, prisas, has estrenado web, recogido tus ejemplares, hablado con muchas personas. También tu primer encargo, Sara, Sarica, un pedido desde Madrid. Demasiadas emociones, muchos se reirán con la palabra, emoción es tirarte en paracaídas o que te toque la lotería, pero dentro de ti aún quedan escombros de aquel niño hiperestésico que hubo de adaptarse para sobrevivir en el mundo adulto.

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El salto al papel

Muchos ya lo sabréis porque adelanté la noticia en las redes sociales con la intención de contarla por aquí tranquilamente después, y entonces tuve que ponerme con las correcciones y no ha habido manera hasta ahora. Resumiendo: ¡voy a publicar mi primer libro de relatos!

 
 
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Los trenes (y los taxis) de la vergüenza

 

Se está hablando mucho del tren de Extremadura, y eso me ha hecho acordarme de algo que me sucedió hace tres meses, en este caso, en el tren de Murcia.

Me quito la mordaza y os lo cuento.

 

Sabéis lo que ocurrió en Extremadura, los medios de comunicación le han dado mucho bombo: el tren de Badajoz a Madrid dejó tirados a los pasajeros en mitad de la nada durante tres horas, hasta que varios autobuses los recogieron y los condujeron a su destino con un retraso de cuatro horas. Esto sucedió el 1 de enero. Feliz Año Nuevo.

Esta incidencia y otras que tuvieron lugar el mismo día, han colmado la paciencia de los ciudadanos, que protestan por el mal servicio que les presta Renfe. Retrasos, trenes que se estropean e incluso un reciente descarrilamiento (por suerte, sin heridos).

Los medios se refieren a él como «el tren de la vergüenza» o «el tren indigno».

De Badajoz a Madrid hay 400 kilómetros. Para recorrer ese trayecto en coche se necesitan tres horas y cuarenta y cinco minutos, según Google Maps. En cambio, el mismo recorrido en tren supone seis horas.

Veamos qué pasa en Murcia.

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