Trabajas más que un funcionario

 

Hoy me quito la mordaza para quejarme de la incomodidad de mi trinchera política: es estrecha y huele a rancio, y si levantas la cabeza para respirar te acribilla el fuego amigo.

 

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Quiero llantos de lata en las series

 

Hoy me quito la mordaza para revisar con ojos frescos, prescindiendo del indulgente cristal de la costumbre, un despropósito de muchas series de humor que hemos interiorizado por repetición: las risas de lata.

¿Os imagináis que hicieran lo mismo con el llanto?

 

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Del tren al ataúd

 

Hoy me quito la mordaza para reunir y aclarar algunas de las mentiras que nos han contado sobre el accidente del tren de Santiago que descarriló en la curva de Angrois.

Quiero darle las gracias a Jesús Domínguez, presidente de la Asociación de Víctimas del Alvia 04155, por su ayuda con las cuestiones más técnicas.

Sirva esto de pequeño homenaje a las víctimas.

 

Si os pregunto por el accidente de tren de Santiago de Compostela (24 de julio de 2013), apuesto a que me diríais que fue un accidente muy grave. Posiblemente no recordéis el número exacto de muertos (80. 81, si tenemos en cuenta que una de las fallecidas estaba embarazada), pero sabéis que hubo muchos. Y multitud de heridos (más de 140, algunos con secuelas de por vida).

Si os pregunto quién fue el responsable, a qué se debió, cuáles fueron las causas, la mayoría responderéis: «El maquinista».

Muchos recordaréis una foto de su Facebook dónde presumía de ir a 200 kilómetros por hora, poco antes de descarrilar.

Y también me diréis que el tío iba hablando por el móvil conduciendo, lo que, además de ser ilegal, es una irresponsabilidad, llevando a más de doscientos pasajeros a bordo.

Posiblemente os venga también a la cabeza su imagen vagando por las vías tras el accidente, con la cara ensangrentada, desorientado. Y de fondo, un audio de su conversación telefónica, reconociendo que se despistó.

Entonces la cosa está clara, ¿no? Un loco amante de la velocidad, que iba atendiendo al móvil en lugar de prestar atención a las vías, motivo por el cual tomó la tristemente famosa curva de A Grandeira, en Angrois, a mucha más velocidad de la permitida, y descarriló.

Esto es lo que nos hicieron saber los medios de comunicación, en tiempo récord, cuando ni siquiera se había comenzado a investigar.

Ah, es verdad: también me diréis que se llevó a cabo una investigación que dictaminó que toda la culpa era del maquinista. Pocos casos hay más claros que este.

Pero cuando uno se pone a indagar por su cuenta, el asunto empieza a apestar. El olor no ha llegado a la mayoría de la población, porque para eso están los medios de comunicación, para taponar la mierda que pueda salpicar a los de arriba, sean políticos o empresarios.

 

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Hispanofobia, pulserofobia, tirantofobia

 

Hoy me quito la mordaza para hablar del enésimo caso de manipulación mediática: el de Víctor Laínez, el hombre asesinado «por llevar unos tirantes con la bandera de España».

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¿De verdad queremos libertad de expresión?

 

Hoy me quito la mordaza para hacer de Pepito Grillo: ¿De verdad queremos libertad de expresión, o sólo en lo que nos interesa?

 

Ya sabemos cómo es la derecha española: reaccionaria, dada a prohibir cualquier cosa que se salga de lo que ellos consideran que es aceptable, normal, en aras de mantener el orden y el estado actual de cosas. Y el que no trague con eso tendrá que vérselas con sus leyes y su justicia. Lo de siempre. Así, si bromeas con la religión, la Guardia Civil, los toreros, la patria, con las cosas de la derecha, en suma, te arriesgas a sufrir las consecuencias, que serán más o menos graves dependiendo de la calidad de la democracia de la que se disfrute en el momento del «delito» (malas noticias: ahora está la cosa regular tirando a mierda).

Por ese lado, poco nos pueden extrañar las reiteradas denuncias y acciones de la derecha contra aquello que atente contra la tradición, los sentimientos y las buenas costumbres. Cuando gobiernan, legislan en consecuencia; y cuando no gobiernan, no permiten tampoco que la cosa se desmadre. Si un gobierno progresista (o menos conservador) aprueba, respetando todos los cauces legales, el matrimonio homosexual, o la ley de memoria histórica, o levanta algunas restricciones al aborto, o quiere que se respete la separación Iglesia-Estado, o que el que lo desee pueda morir antes de verse convertido en un muñeco de trapo, los tendrá enfrente. A vosotros os habrán votado, pero nosotros tenemos los medios de comunicación, el clero, la judicatura y las fuerzas del orden de nuestra parte.

De ese modo, gracias a la colaboración del que debería ser primer partido de la oposición, y al miedo de muchos ciudadanos anónimos, llevamos años viendo a humoristas, artistas, cantantes, usuarios de las redes sociales y a cualquiera que les moleste, multados, detenidos, apaleados, juzgados o en la cárcel por manifestarse, cantar, escribir

Es cierto que el doble rasero es intolerable, asquerosamente injusto. Pero la solución no es que la izquierda actúe como la derecha, la solución no es esta triste deriva reaccionaria de la izquierda.

Si alguien, aunque sea humorista profesional, hace un chiste sobre algo que a estos modernos izquierdistas les parezca «sagrado» (también hay temas sagrados dentro de la laicidad), atacan al autor, lo insultan, lo difaman, orquestan una campaña en su contra, lo denuncian y hacen lo posible por joderle la vida. O pide perdón y se humilla (y ya veremos), o maniobran para que al culpable no se le permita actuar, escribir, etc. en ninguna compañía ni medio público ni privado, si es alguien conocido, o que lo echen del trabajo y se le marque como a un apestado y no se le vuelva a contratar en otra empresa (internet tiene muy buena memoria), si se trata de una persona sin, hasta entonces, relevancia pública.

 

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Una sangrienta lección

 

Hoy me quito la mordaza para dejaros un relato sobre la crueldad con los animales y la pérdida de la inocencia.

La moraleja, en el caso de que la tenga, ya es cosa vuestra.

 

 

Una sangrienta lección

 

El niño pasaba junto a un solar. Entonces era habitual encontrarse con solares sin edificar, donde los niños podían ir a ensuciarse y renovar las costras de las rodillas.

Era pequeño. No sabemos por qué pasó por allí él solo, pero así fue.

En el solar había cuatro chavales. Aunque los tenía lejos, algo en su actitud indicaba que lo que hacían no era del todo lícito. Seguro que estaban metidos en algo que los adultos no hubieran aprobado. Quemando cosas, quizá. O metiendo en una lata petardos de los gordos, prohibidos para esas edades. O fumando, o una revista guarra.

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Pérez-Reverte, un lúcido en Sodoma

 

Vengo leyendo puntualmente los artículos de Arturo Pérez-Reverte desde hace más de veinte años. Si un domingo se me pasa, al siguiente tomo ración doble, pero creo que no me he perdido ninguno en todo este tiempo.

 

Leyendo a alguien durante dos décadas, si ese alguien se muestra tal cual es, si prescinde de esnobismos y actitudes impostadas, si logra sobreponerse al miedo al qué dirán y la consiguiente autocensura, inevitablemente acabas conociéndole. Sabes, además de lo más difundido (su pasado como corresponsal de guerra, su pasión por leer y navegar o su lealtad a los perros), que se levanta a las siete de la mañana, desayuna colacao con crispis y prensa del corazón, hace una hora de ejercicio y después escribe entre cinco y ocho horas diarias. Sabes que ama el Mediterráneo y que le gusta sentarse en las terrazas a ver pasar la vida, parapetado tras un libro o un periódico; que escucha a Sabina y a Carlos Cano y ve una peli cada noche (le van las de John Ford); es jacobino y no tiene más religión que la del tablero de ajedrez, donde encuentra consuelo y algunas certezas; frecuenta las librerías de viejo, le entusiasma la Historia, bebe ginebra azul con tónica y es adicto a las aspirinas; en su casa, además de una biblioteca con más de treinta mil libros, guarda maquetas de barcos hechas hace años por él mismo, varios sables del siglo XIX y un Kalashnikov; las autovías le aburren y le dan sueño; tiene (o tenía hasta no hace mucho) un móvil sin conexión a internet, y si le obligaran a elegir un ministro, de ahora o de antes, al que fusilar al amanecer, posiblemente escogería para que le dieran matarile a Javier Solana (y está la cosa disputada). Sabes de los fantasmas de su memoria, de camisas manchadas durante tres días con la sangre del niño que se le vació en los brazos, y sabes que en el principio fue la lluvia en las orillas de Troya mientras zarpaban las naves. Conoces sus filias y sus fobias, sus fortalezas y debilidades. Estás al tanto incluso de nimiedades, como que su palabra preferida es ultramarinos. Conoces más de él que de algunas personas con las que tratas diariamente.

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La izquierda y su repentino “amor” por los Mossos d’Esquadra

 

Hoy os traigo dos artículos en uno.

La primera parte es una reflexión, en frío, sobre la actuación policial tras los atentados terroristas en Barcelona, y esta nueva «moda» consistente en asesinar a los presuntos culpables en lugar de detenerlos y juzgarlos.

En la segunda parte no puedo menos que manifestar mi asombro ante la mala memoria de algunos, lo rápido que olvidan ciertas repugnantes actuaciones policiales, y lo fácilmente que pasan del amor al odio en cuanto cambia la brisa política o mediática.

 

Ciudadano Dory

«Hablamos de los mossos, joder, un cuerpo violento donde los haya, en un país donde la policía no se caracteriza precisamente por su proporcionalidad (con la izquierda: con nazis y nostálgicos del franquismo es otra cosa). Los del caso 4-F, los del desalojo de la Plaza de Cataluña, los que han reventado ojos con pelotas de goma, los de las vejaciones a manifestantes y torturas en las comisarías, los que asesinaron a Andrés Benítez… Pero ¿cómo somos tan desmemoriados?

La semana de los atentados, la policía catalana se limitó a hacer su trabajo, y lo hicieron porque les pagan, igual que un albañil se sube a un andamio y de vez en cuando se mata, o un minero rellena sus pulmones con radón o asbesto o termina su vida bajo una manta de escombros, sin que nadie les ponga por ello una medalla póstuma al mérito.

Pero nada, que vivan los mossos. Y cuando dentro de unos meses un agente estrene su nuevo juguetito disparando contra una chica de 17 años que proteste contra los recortes en Educación de un gobierno corrupto de derechas (que eso también se nos ha olvidado, ahora Artur Mas y compañía son mártires revolucionarios, hay que joderse), que la muchacha aproveche los espasmos provocados por la táser para bailar una sardana en honor de la molt honorable policía autonómica.

Que parecemos gilipollas».

 

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Los amigos de los asesinos

 

Aprovechando que los odios y las inquinas apuntan para otro lado, hoy me quito la mordaza para hablar de lo que sucedió alrededor de los atentados y las muertes de Cataluña (Las Ramblas, Cambrils, Subirats).

 

 

Los amigos de los asesinos

 Atentado de Las Ramblas

 

De entre las múltiples cosas que no me gustaron de esos días, una de las principales fue el sonrojante papel de la prensa española (nota: cuando digo española, incluyo también a la catalana), con prisas, sin reflexión, trabajando a todo correr, pensando sólo en la audiencia o los clics, cagándola una y otra vez. Daban una noticia que contradecía a la de ayer, y tres horas más tarde se volvían a desmentir a sí mismos.

Dijeron, por ejemplo, que los policías habían detonado los explosivos de los terroristas de forma controlada, cuando no había tales explosivos, o que una agente había matado a cuatro yihadistas, aunque este pistolero fue un hombre.

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Cuatro años de rabia

 

Cuatro años de rabia (y algo más)

 

Tengo la impresión de que digo lo mismo cada año, pero es verdad, no esperaba que este blog fuera a durar tanto.

Empecé Vota y Calla como un desahogo, sin demasiada esperanza porque me leyeran, y bueno, no es que esto sea eldiario.es, pero tampoco estoy solo, ¿verdad?

 

Como en cada aniversario, voy a comentar algunas de las novedades y hacer una lista de las entradas más leídas.

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