Internet y las redes brutales

Hoy me quito la mordaza para hablar de las redes sociales. ¿Tiene sentido analizar el lamentable comportamiento de algunos (demasiados) internautas aislándolo de la sociedad de la que forman parte, como hacen la mayoría de los medios?

 

 

Internet y las redes brutales

Las redes sociales están llenas de indeseables. De gentuza. Decir esto no es insultar a todo el que usa Twitter o Facebook. Tener que aclararlo demuestra que, además, en internet hay un déficit importante de comprensión lectora: a principios de año, cientos de ofendidos de esos que toman la parte por el todo atacaron a Dani Rovira por haber dicho algo similar.

La culpa en este caso concreto fue también de los periodistas sensacionalistas, si es que todavía cabe hacer esa diferenciación desde que internet agravó el viejo vicio de titular como haga falta para ganar unas cuantas visitas. Clickbait, le llaman a eso, en el furor esnobista de usar términos ingleses para todo.

No hay más que darse una vuelta por Twitter (es la que más uso, pero da lo mismo una que otra) para hacerse una idea de cómo está el patio: pide con urgencia un buen manguerazo. Podrían cambiar el logo del pajarito azul por otro pringado de chapapote, sería más propio.

Soy un tío sensible, y a pesar de que ya llevo casi cuatro años pasando por Twitter, no deja de sorprenderme la facilidad con la que se desea a otros las peores desgracias sin mediar provocación, con total desproporción.

Aunque sucede igual en otras esferas, en el entorno político, que es en el que me muevo, ser de una ideología determinada parece legitimar a una serie de cabestros de pensamiento contrario a escribir barbaridades de mal gusto, sin el menor ingenio, conformándose con el insulto fácil y directo.

Basta que alguien opine: «Hay que bajar los impuestos en España» o «Se necesita aumentar el gasto en Sanidad», para que acto seguido tropecientos mil tuiteros le repliquen con sesudos argumentos del tipo: «muérete, hijo de puta».

Aterra la falta de pudor. El que señala el atrevimiento de la ignorancia es uno de esos refranes que da en el clavo. No importa que el que escribe sea un reputado filósofo, economista o investigador que adjunta a su tuit un minucioso artículo en el que expone en detalle los razonamientos que han dado lugar a su conclusión: no faltarán gañanes a los que no les avergüenza mostrar que no saben juntar tres o cuatro palabras sin trastabillar, que le contesten como acabo de ejemplificar. Por supuesto, sin haber leído el estudio que tratan de rebatir. Para qué.

Es impresionante la cantidad de: «ke sabras tu, lo que ay que acer es… » Añádase en los puntos suspensivos la aportación del tuitero, que reacciona al análisis de quien puede estar equivocado, pero ha pasado un cierto tiempo reflexionando sobre el asunto, con el primer brote que surge espontáneamente de su cerebro virgen.

 

 

Hay un término del cual me he valido ya en más de una ocasión, que me resulta muy grato por lo preciso: honestidad intelectual. En España está en peligro de extinción, nadie le reconoce nada al contrario. Tal vez influenciados (contaminados) por esos programas donde echan a tertulianos a discutir, los «debates» en las redes sociales consisten en dos o más personas atacándose mutuamente, sin apenas escucharse (sin leerse) ni dar tregua al otro. Ya se sabe: los niños, lo que ven en casa.

Cualquier cosa vale para descalificar al enemigo. Si determinada información sirve a la causa, se usa sin dudar ni un instante, aunque se tenga la certeza de que es falsa.

Medios cuya labor se parece al periodismo lo que la vicepresidenta a una jirafa, se afanan en suministrar munición barata una ingente tropa de voluntarios descerebrados que no contrastarán y, si me apuráis, ni leerán lo que les llega, contentándose con el titular para dotar de un peso aparente a sus exabruptos de helio.

Y si piensas así, ¿qué haces en Twitter?, preguntará con desdén alguno de esos que no entienden las críticas, de los que, cuando alertas del retroceso en derechos y libertades que estamos sufriendo en España, te animan a irte a Corea del Norte.

Pues estoy en Twitter porque además de que siempre hay un justo en Sodoma (y yo he tenido la suerte de encontrar muchos en estos cuatro años), a no ser que trabajes para un gran medio o seas alguien popular o te gastes la pasta, es imposible difundir tus escritos prescindiendo de las redes sociales.

Y porque me da la gana.

 

 

A la caza del famoso en las redes sociales

Es verdad que también das con personas estupendas, como hemos dicho, pero abunda morralla como la que alardea de que tal o cual político o periodista le ha bloqueado. El tuitero desconocido se emplea en insultar o escribirle chorradas al famoso durante semanas o meses (la falta de educación no está reñida con la tenacidad). Luego, un día, el acosado le bloquea, el acosador consigue su ansiado premio y a presumir. ¿De qué? No sé, preguntadle a ellos. Yo no le encuentro el mérito por ninguna parte.

Hay muchos a quienes se diría que les pagaran por importunar a rostros conocidos, como el personaje aquel de José Mota. Y lo peor es que la mayoría lo hacen por gusto. Tienen activadas las notificaciones, o como se llame eso, de forma que en cuanto Pablo Iglesias tuitea algo, aunque sea un «buenos días», les llega un aviso y pueden ser los primeros en contestar: «Pues en Venezuela son muy malos» (versión suave). Y así una vez, y otra, y otra…

Lo mismo sucede con Mariano Rajoy y tantos otros. Me parece una forma triste de malgastar su tiempo libre, pero ellos a esto le llaman ciberactivismo.

 

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Crédito: Eneko

 

 

Da la impresión de que las redes sean una vía de escape a la ansiedad, a la ira, a la insatisfacción. Esparcen odio frente a la pantalla para desahogarse, como quien se va a pegar gritos al campo.

Ya he escrito previamente sobre estos energúmenos y su derroche de rencor, de amargura… No dudo de que son un reflejo de la sociedad en que vivimos, pero un reflejo aumentado por la sensación de impunidad que da el anonimato.

Sería interesante, desde el punto de vista sociológico, disponer de un Twitter alternativo donde fuera obligatorio identificarse con datos reales para participar. Un sub-Twitter (o supra-Twitter), las evoluciones de cuyos usuarios pudiéramos comparar con las del clásico, que seguiría como hasta ahora.

(Espero que no haga falta aclarar que no estoy acusando de hooligans digitales a todos los que optan por ir de incógnito en las redes sociales. Si lo has entendido así, te sugiero que vuelvas al primer párrafo).

Pero no podemos achacar todos estos reprobables comportamientos al evidente efecto que provoca la protección del biombo digital, en lo que a exaltar la bravuconería de los enmascarados se refiere. El anonimato es un agravante, pero no la causa.

 

 

Twitter, un reflejo de la sociedad

Decíamos que la sociedad (buena parte de ella) es así: inculta, agresiva, intolerante. Brutal, en el sentido de que atiende únicamente a sus instintos más primarios. Si acaso, se permite una falsa espiritualidad normativa y tutelada (de esa hemos tenido buena muestra esta semana).

Nos hemos quejado con anterioridad de la falta de consideración de los conductores. También del ruido. En los hoteles españoles (fuera, no tanto) es frecuente que los huéspedes voceen o se carcajeen por las zonas comunes como si estuvieran en su casa. Yo siempre hablo en voz baja por los pasillos (no sólo de noche, no sabes qué horarios tienen el resto de clientes), e incluso dentro de la habitación mantengo la tele al mínimo y trato de contener el volumen de la conversación. Pero se ve que soy gilipollas, la mayoría actúa como diciendo: en mi hotel hago lo que me sale de los huevos, que para eso he pagao.

En el fondo, lo que esto revela es una absoluta falta de respeto y una indiferencia casi psicopática por el malestar ajeno.

Y Twitter no puede desgajarse de la sociedad de la que forma parte. Hay abogados, economistas, fontaneros, guías turísticos, farmacéuticos, cajeros, militares, apicultores, entreprenaurs… Personas de todas las edades, creencias y clases sociales. No es un mundo aparte. Por más que resulte incómodo aceptarlo, no puede despacharse el problema con unas cuantas de esas etiquetas concéntricas que lo van acotando, cercándolo para separarlo de las personas de bien: «jóvenes» + «radicales» + «de izquierdas». Aquí no. Si Twitter es violento o maleducado o insensible, es que somos así, del mismo modo que los políticos son corruptos porque corrupta es la ciudadanía. Si salimos feos, la culpa no es de la cámara de fotos.

El problema y la solución están en la educación, y no hablo sólo de la académica. Ya hemos señalado el pésimo ejemplo que proporciona la televisión, que podría ser una magnífica herramienta pero ahí la tenemos, de Gipsy Kings a Gym Tony, pasando por Sálvame, Cámbiame o Gran Hermano.

Pero también de la académica. Quizá estemos excesivamente centrados en formar a buenos profesionales, olvidando, como en el caso de las redes y la sociedad, que el profesional, el obrero, el técnico, el empresario, el policía, tampoco puede desgajarse de la persona. Que sin esta, aquel no existe.

Tristemente frío y hostil, poco acogedor, poco sociable será un mundo de trabajadores hiperespecializados, expertos en lo suyo pero ignorantes en todo lo demás, carentes de valores, egoístas, individualistas, desmesuradamente ambiciosos, desprovistos de sentimientos de solidaridad o empatía por sus semejantes.

Como dice el único himno que he cantado alguna vez:

 

De pequeño me impusieron las costumbres,

me educaron para hombre adinerado

Pero ahora, prefiero ser un indio

que un importante abogado

 

¿Se entiende?

 

 

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Imagen de cabecera: Jurgen Otto

 

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20 sin mordaza

  1. Hola Salva!

    Respecto a tu última observación, ya hablamos hace poco sobre el tema de la asignatura de Ciudadanía; algo más que necesario en estos tiempos y, al mismo tiempo, algo impensable ahora que parece que el conservadurismo está de moda: cada vez veo más juventud que, aparte de ataviarse con look rancio-sesentero, van a los desfiles de los reyes y las princesas y creen que para tener glamour hay que ser de derechas como Mario Vaquerizo.

    No soy usuario de Twitter porque no siento la necesidad de ello, bastante tengo ya con Facebook; y aún así, éste último lo utilizo básicamente como revista digital customizada con los contenidos que me interesan. Me prometo a mí mismo una y otra vez no entrar en la sección de comentarios, porque sé lo que voy a ver, y sé que acaba con mi moral. Pero, a veces, caigo. Y soy testigo de la podredumbre moral, de la miasma humana, de la pura maldad que yo creo que se resume todo en un faraónico complejo de inferioridad.

    Gente con una vida tan vacía que debe llenarla escupiendo su bilis hacia personas que ni siquiera conocen. Eso es lo que más me flipa, la desfachatez de acosar e insultar a ¡alguien que no conocen!

    Gente con complejos, con miedos, con traumas, con una vida muy jodida, con el pene muy pequeño (metafóricamente hablando). Llámalo falta de atención y amor cuando eran pequeños, si quieres; aunque eso puede explicarlo, de ninguna manera justifica su actitud.

    Gente que se esconde tras el anonimato de Internet, que no les importa que familia y amigos lean su mierda de comentarios llenos de odio. Ese tipo de gente que luego, probablemente, en la calle si opinas lo mismo que has escrito en Twitter, no se atreven a rebatirte e, incluso, son capaces de darte la razón.

    Pero si te sirve de consuelo, esto pasa aquí, en USA, en UK y en Sudamérica. Es algo global. Al mismo tiempo que sube la temperatura del planeta, se va calentando también el personal, estamos en punto de ebullición y nadie tiene el hielo.

    Un saludo!
    David

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    1. Yo no estaba en ninguna red social hasta que inauguré el blog. Pero en esto soy un poco rarito, he llegado siempre tarde: al móvil, a internet, al móvil con internet…

      De cualquier manera, no sé si tendría Twitter en caso de cerrar Vota y Calla. Facebook y Google +, seguro que no. Twitter no sé, es un poco adictivo eso de desahogarte en plan minimalista. Eso sí, no entro nunca a discutir con nadie.

      Es posible que en el resto de países suceda más o menos igual, aunque tengo dudas. Del mismo modo que en Alemania pueden quitarle los tornos al metro y la gente paga igualmente, o en otros países tienen periódicos a libre disposición de los viandantes, confiando en que dejarán el dinero (y así lo hacen), esas cosas en España serían imposibles.

      O lo de no tirar porquería al suelo. Y todo eso también es educación.

      Estaría bien que alguien que conozca las redes sociales de otros países nos sacara de la duda.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
  2. Buen tema, pero un tanto deprimente porque tiene toda la pinta de ir a empeorar antes de colapsar.
    Al menos por cuatro motivos (lo de empeorar, lo del colapso os lo ahorro):

    – Hemos dejado de ver al interlocutor como una persona, lo cosificamos: “es un perfil”. Buena parte de la responsabilidad es del modelo de socialización, y eso es mucho más que una carencia educativa, me temo.
    – Hemos dejado de lado las relaciones débiles, y por tales me refiero a las relaciones casuales. Cuando estamos, por ejemplo, en una sala de espera, fingimos estar muy interesados (o aún peor, lo estamos de verdad) por la pantalla del móvil, evitamos el contacto visual, …. Ya no sabemos ver al extraño como una posible relación. (Por eso odio este anuncio: https://youtu.be/kb4WiHoVruU)
    – La degradación del concepto de amigo. No hace falta que os explique por qué, pero tampoco era de extrañar: Mark Zuckerberg nunca ha sabido qué es un amigo.
    – Internet ha empeorado el efecto Dunning – Kruger. Está en la Wikipedia, pero en resumen es sencillo: los incompetentes se sobravaloran hasta ser incapaces de reconocer su ineptitud, mientras que los competentes se infravaloran a sí mismos.

    Lo siento jóvenes compañeros, os tocará lidiar con un mundo menos humano. A mí ya…

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    1. Discrepo en el segundo punto. ¿Qué hay de malo en interesarme más por lo que escribes tú o Salva a lo que diga u opine el idiota que tengo enfrente? Si estás rodeado de imbéciles, no tienes que estar obligado a interactuar con esa persona

      Responder
      1. De entrada una pregunta ingenua: no les conoces, ¿pero ya les has juzgado y categorizado? ¿Cómo sabes que entre todas esas personas desconocidas con las que te cruzas a diario no hay gente interesante? Encuentros al azar, conversaciones en un tren, en una sala de espera, en un bar…
        Pero el primer paso es ver a los demás como personas.

        Te pongo un ejemplo: uno de mis mejores amigos de juventud fue el tipo de la organización que preparaba una queimada en Santiago para turistas. Me senté a su lado, y entre tientos disimulados al orujo me explicó cómo era posible suspender primero de medicina tres años seguidos: teniendo que pasar por el Franco para ir a clase, nunca conseguía llegar.

        Es sólo un ejemplo, pero como éste tuve unos cuantos amigos (amigas no, ahí siempre lo tuve complicado). ¿Se entiende mejor ahora?

        Responder
        1. No los conozco, pero les escucho hablar y no ne interesa su opinión. En tu ejemplo, a esa persona la conoces en una situación que da a pie a una conversación interesante para ti. Si esa persona en vez de queimadas, estuviera hablando de fútbol (por poner un ejemplo de algo que no te gusta), ¿Habrías comenzado una conversación y por lo tanto, una amistad?

          Responder
          1. Habría comenzado una conversación. Por ejemplo, “oye, yo es que soy más de baloncesto, pero ya que pareces estar puesto en eso del fútbol, ¿te importaría explicarme lo del fuera de juego?”. Si era un tipo interesante le seguía haciendo preguntas de ese cariz para ver cuanto tiempo tardaba en darse cuenta del cachondeo. Si era cortito, con darle las gracias quedábamos aviados.

            Con frecuencia eran personas limitadas, pero también encontré tipos que hablaban de fútbol porque no podían hacerlo de otras cosas en ese contexto. De ahí no salió ningún amigo, pero sí conversaciones interesantes.

            Claro, que yo partía de la seguridad que me daba mi metro noventa. Eso ayudaba.

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  3. Tendencia a buscar un enemigo externo, el político corrupto, la red social llena de ira, el fútbol lleno de violentos… Pero esos políticos son elegidos por nosotros, esa red social es lo que antes era una barra de bar y a esos equipos los animamos nosotros. Señores, un poquito de de autocrítica.

    Consejo: Silenciar es más efectivo que bloquear. El resultado es el mismo y no alimentas el ego de algunos.

    Pd: Hay que dejar el camino social alquitranado
    porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas.

    Twitter: @MigueIjr

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    1. Existen programillas sólo al alcance de los administradores de las páginas con comentarios, cuya función es “silenciar” al troll respecto a los demás comentaristas. Es decir, el troll puede leer sus comentarios, pero los demás no, con lo cual el efecto es que se siente ignorado.

      Pero hay otro método más retorcido, consistente en “silenciar” como antes a los violentos, con la variante de que sólo se pueden leer entre ellos.

      Responder
      1. Pues no tenía ni idea. Entre las opciones que me da WordPress está la de incluir a un usuario determinado en la “lista negra”, de forma que sus comentarios vayan automáticamente a la papelera. O indicar que sus comentarios tengan que ser moderados siempre por el administrador. Pero lo de que el pobre troll vea su comentario publicado, mientras que para los demás sus comentarios no existan, me parece hasta sádico, ¡jaja!

        Twitter: @vota_y_calla

        Responder
          1. Estoy muy de acuerdo con esto:

            «Cabe destacar que no se debe confundir un trol con una persona que simplemente tiene una opinión contraria. Muchas personas tienden a llamar así a todo aquel que no piense como él».

            Me ha gustado el método cinco: que los comentarios del troll se publiquen automáticamente plagados de fartas de hortografia. xD
            Aunque alguno ni se enteraría…

            Twitter: @vota_y_calla

            Responder
  4. El tema de las redes sociales da para hablar largo y tendido. Porque tú te has centrado en el tema de la agresividad (verbal) con la excusa del anonimato, pero hay muchos otros aspectos que se podrían analizar, e igualmente relacionados con la sociedad.

    A mí me llama especialmente la atención la hiperexposición a la que nos sometemos (“nos” en general). Gente que cuenta todo lo que hace, fotografía lo que come, comparte su ubicación, etc. Es preocupante por dos razones: la primera porque dar tanta información sin poder realmente filtrar a quién le llega es muy peligroso. Y la segunda porque en muchos casos es reflejo de una vida muy vacía, de una necesidad de presumir, de quedar por encima de los demás. Sin duda falta educación también en este sentido.

    También hay otros temas como que las relaciones se han banalizado, no nos comunicamos con el que tenemos al lado, etc. Da para mucho. Y también hay alguna cosa buena, claro.

    Ahora, ciñéndome a lo que has escrito tú, me gustaría compartir algo del pensamiento de Rousseau, que va mucho más allá de su famoso “El hombre es bueno por naturaleza”.

    “Jean-Jacques Rousseau fue uno de los mayores críticos de la Ilustración, y cuestionó la idea de que el progreso científico produjese un mayor bienestar social en términos de bienestar y de desarrollo humano. En vez de eso, señaló que la creación de sociedades marcadas por la complejidad de las relaciones personales y por la creación de jerarquías y normas podía suponer un retroceso. Para este pensador, el efecto del desarrollo de las civilizaciones podía hacer que dejemos de tener en cuenta la humanidad de las personas y las empecemos a tratar como recursos para obedecer a un “bien común”. A esta dinámica le opuso la idea del buen salvaje, encarnada por los niños y niñas que, al no haber sido socializados del todo, se comportarían de un modo más ético y más puro que los adultos corrompidos por las convenciones.”

    A esa sociedad compleja y jerarquizada añádele internet, anonimato, crispación social y mayor facilidad para interactuar y comunicarnos que en el siglo XVIII y tienes una bomba.

    Twitter: @bsacopalabras

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    1. Lo de presumir tiene su aquel. En general, me da la impresión de que se enmarca en esta deriva social que podríamos definir rajoynianamente con el lema todo es falso.

      Porque lo de Facebook da vergüenza ajena. Cualquiera sube una foto y acto seguido sus amigos (los de verdad, y los otros) sueltan una serie de alabanzas a todas luces excesivas, como si el rostro o el cuerpo de esa imagen fueran lo más bonito que hubieran visto en su vida:

      «¡Guapísima! Qué preciosidad de prima tengo!»; «Madre mía, Mari, cada día estás más bella, eres toda una hermosura» y cosas así, a todas luces forzadas, con la esperanza, imagino, de que les dediquen los mismos piropos cuando sean ellos los que muestren una foto poniendo morritos. Que la llama del fuego fatuo no se apague nunca.

      Sobre no relacionarnos con el que tenemos al lado estaban debatiendo Miguel y Vicente arriba. Es verdad que algo de eso hay.

      Total, que tenemos para otros dos artículos, por lo menos, ¿no? ; )

      El «buen salvaje» de Rousseau me recuerda al prota de Un mundo feliz (al revés, en realidad).

      Hace poco vi Fahrenheit 451, por cierto, y ahora que lo pienso, a nivel inconsciente, igual ha tenido algo que ver con la publicación de esta entrada.

      Twitter: @vota_y_calla

      Responder
      1. Ja ja.. qué risa con tu comentario de Facebook! Es verdad, muchas veces siento vergüenza ajena cuando alguien comenta una foto en plan “guapaaaaaaa”, “qué primo más guapo tengo” o “esa Ainhoa preciosaaaaaa”… cuando en realidad tú lo ves y piensas “pero por favor, ¡si es un maldito mutante!”. Y lo mismo con las fotos de flores y amaneceres que publican. Al final he decidido silenciarlos a todos, excepto a 3 ó 4 que realmente aportan algo interesante, y utilizar FB como una revista personalizada.

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      2. Tengo una teoría que aplico a la gente joven (Salva, puedes incluirte si quieres XD) que es que cuanto más presumen una pareja de su amor en Facebook, peores son.

        No, no tengo Facebook, no me apetece ver las gilipolleces que sube la gente solo porque son conocidos y tienes que aceptarlos (ventajas de tw frente a FB) y este comentario podemos enlazarlo con la conversación que tengo con Vicente, no estás obligado a hablar con el de al lado solo porque está ahí cuando la conversación que tienes en el móvil es más interesante

        Twitter: @MigueIjr

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