Lecciones patagónicas (IV): Expropiación

Saludos, grandes terratenientes. Esta miniserie se está acabando. Hoy me quito la mordaza para preguntarme si es la expropiación por el Estado algo tan terrible como nos quieren hacer creer algunos liberales de pacotilla.

 

Los sitios más bellos de Argentina son parques nacionales. Lugares que no existirían tal y como los conocemos (serían hoteles, o urbanizaciones, o centros comerciales, o aparcamientos o tierras de cultivo o para ganadería) de haber seguido estando en manos privadas. Esto es importante recordárselo a los partidarios de un Estado mínimo.

Y para los que oyen la palabra expropiación y les salen eccemas en forma de estrellas rojas, conviene que atiendan a lo que nos contó uno de los guías en nuestro recorrido por el Parque Nacional de Iguazú:

 

Lecciones patagónicas (IV): Expropiación

Esta selva estaba en manos de las industrias madereras. Como a la mayor parte de las empresas, sólo les preocupaba el beneficio inmediato (por eso el capitalismo es un sistema criminal e insostenible), así que se dedicaron a la tala salvaje e indiscriminada. Y lo hubieran seguido haciendo hasta que no quedara nada, de no ser porque en 1922 el gobierno argentino dio el paso de expropiar esas tierras. El parque como tal se crearía unos años después, en 1934.

Llegaron a tiempo, pero el daño fue enorme, las madereras habían reducido la selva a un 5 % de lo que un día fue. Esto ha tenido su impacto en la fauna: el jaguar necesita territorios muy extensos, pues camina decenas de kilómetros cada noche; la disminución de su hábitat es letal, como sucede con tantas otras especies, aunque el jaguar tiene otros enemigos a los que no se enfrentan, por ejemplo, los koalas: los psicópatas que disfrutan matando animales, y las mujeres que se sienten más bellas cubriéndose con su piel.

La alarma saltó cuando el número de jaguares en la selva de Iguazú se redujo peligrosamente. El gobierno (de nuevo) tomó medidas de protección, y ahora se estima que su número ronda los cincuenta individuos, aunque siguen estando en peligro de extinción.

Es triste, pero pronto sólo quedarán ejemplares de estos grandes animales (leones, rinocerontes, gorilas…) en parques naturales y en los infames zoológicos.

 

Siempre que estoy en algún lugar semejante, un bosque, una playa virgen… no puedo evitar pensar en máquinas entrando para arrasar con todo aquello, convirtiéndolo en carreteras o bloques de apartamentos. En el Parque Nacional de Iguazú hay decenas de especies de animales y plantas; no vi ningún jaguar, como es lógico, pero pude observar de cerca multitud de aves (incluso tucanes y una centella verde esmeralda que al detenerse se convirtió en colibrí), lagartos, tortugas, familias de coatíes, monos capuchinos y hasta un caimán adulto. No concibo que alguien, al estilo de los militares de Avatar, diga: «adelante, vamos a cagarnos esto», en aras de un supuesto progreso, del «desarrollo». ¿Qué progreso? No puede haber progreso de espaldas a la naturaleza dentro de la cual vivimos. Pero así vamos, ciegos, erre que erre, tala que tala, contamina que contamina, autolesionándonos a lo Felipe Juan Froilán.

 

Allí, en la majestuosa frondosidad del follaje, volví a preguntarme: ¿qué habrá en la cabeza del que decide destruir toda esta belleza? Igual El Roto tiene la respuesta.

 

mariposas-cataratas-iguazu-parque nacional-argentina-expropiación

Dos mariposas que se pararon a descansar en mi dedo.


 

expropiación-caiman-cataratas-iguazu-fotografia-parque nacional-argentina

 

Imagen de cabecera: El Roto

 

También te puede interesar:

3 sin mordaza

  1. Expropiación del Estado? Depende para qué. Sí para conservar parques naturales! No para construir carreteras, aeropuertos inecesarios o paques infantiles de goma espuma, con fines electorales y para lucro de los amiguetes constructores, que sería el caso de España.

    Responder

¿A ti tampoco te callan?

Tu dirección de correo electrónico NO será mostrada.