España, el país del ruido

Saludos, próximos clientes de GAES. Hoy me quito la mordaza para quejarme del ruido y la falta de respeto de este país de egocéntricos, incívicos ciudadanos. Coches, motos, música, móviles, gritos… contaminación acústica, this is Spain.

 

España, el país del ruido

Hay gente que tiene la mala suerte de verse obligada a madrugar mucho, que está en la calle desde bien temprano, cuando todavía hay personas durmiendo cerca. Pero a ellos qué más les da, ellos ya están en pie. Mientras cierran el garaje, o mientras esperan al compañero de trabajo, o porque consultan los wasaps entretanto se calienta el motor del vehículo, o vete a saber por qué, seguro que alguno sólo por joder, dejan el coche al ralentí, armando un escándalo considerable a unas horas en las que todo está en silencio (si es verano, además, sus vecinos duermen con las ventanas abiertas).

Los desconsiderados intensifican su tara al volante. Como esos que van con la música a tope y la ventanilla bajada. Hay quienes lo hacen simplemente por falta de respeto, quiero escuchar la música así y a los demás que les vayan dando, pero otros actúan de esa forma para parecer muy fiesteros, muy cool. Escuchadme, que me escuche todo el pueblo, ¿oís qué música tan guapa llevo? Es cañera, ¿eh? Es que soy lo más. Algo así deben de pensar estos fenómenos, y no les importa pasar frío en invierno si con ello pueden regalarnos su exquisita selección musical, se sacrifican para que podamos apreciar el oro líquido que destilan las cuerdas vocales de Carlos Baute al introducirse por la fuerza en nuestros tímpanos.

Los he visto incluso girar el potenciómetro al máximo hacia la derecha al llegar a la urbanización, pensando, imagino: «cómo molo, lo peto más que el tío del anuncio de Dolce Gabana, tuta la mía vita».

Yo lo hago justo al contrario: si llevo la música alta, en cuanto entro en una zona residencial la bajo inmediatamente, para no molestar. Pero parece que eso hoy día está mal visto, es de débiles o pusilánimes: es mi coche, y en mi coche hago lo que me da la gana.

Lo mismo cuando vuelven de fiesta de madrugada: con el chunda-chunda atronando hasta la misma puerta de casa, haciendo llorar a bebés y ladrar a los perros. Qué importa: que sepa el vecindario que el Juanfran y la Mari llegan al alba de romper tarimas.

También tenemos por aquí a unos «listos» que para no detenerse en los ceda el paso, tocan el claxon en cada cruce.

Y qué decir de ciertos motoristas que se complacen en ir montados a lomos de decibelios. Los hay que modifican el tubo de escape para que haga el máximo ruido posible, y por supuesto, explotan esta particularidad de su moto cuando recorren las calles del barrio, abriendo el gas a lo loco para que todo el mundo sepa que están ahí. Entre esos tipos y yo hay algo personal. ¿Quién, en sus cabales, puede querer ir dejando a su paso una estela de ruido intolerable?

Por si no bastaran coches y motos conducidos por tarados mentales, en mi pueblo sufrimos también un híbrido, un quad que pasa siempre a la hora de la siesta armando todo el escándalo posible, con mucha prisa por llegar al lugar donde supongo que un día de estos el gilipollas que lo conduce se romperá la crisma.

 

No sólo va la cosa de vehículos de motor, la desconsideración campa a sus anchas en cualquier ámbito de la vida, pero hoy me voy a centrar en el ruido. En las zonas de costa se nota más en verano; la tele, pongamos por caso: sacan los televisores a las terrazas, o los dejan donde siempre pero con las ventanas abiertas, y sintonizan una de esas porquerías de películas que representan el 90 % de la producción hollywoodiense, gritos, disparos, explosiones, y la ponen a un volumen desquiciante, no vayan a perderse el matiz distintivo del sonido que produce el capó del vehículo al reventar, frente al estallido, unas octavas por encima, de la gasolinera. Da igual si es tarde y hay quienes tienen que madrugar al día siguiente: ellos están de vacaciones.

O ese grupillo de chavales que siguen de fiesta a las tantas, espoleados por el consumo de alcohol o de lo que sea, y van por cualquier calle hablando, riendo y gritando como si la acera fuera una extensión de la Joy Eslava, ein, tíos, ¿habéis visto cómo le he entrao a la pava esa? ¡Seeeee, eres un máquina! (todos): ¡Char-li, Char-li, Char-li…!

No sólo es cosa de los jóvenes, a los que se acusa de haber perdido los valores y no respetar ningún tipo de ética o moral, como si los mayores fueran un dechado de virtudes: cuando la población duerme y no se oye nada, excepto algún grillo, unas cuantas sexagenarias pasan por aquí comentando la partida de parchís o lo último de las Campos. Hasta hubo una noche en que se detuvieron a descansar las varices justo bajo mi ventana, charla que charla, jueves, dos de la madrugada. Y no es que se comuniquen a grito pelao como los chavales damnificados por el garrafón y la aspirina en polvo, no, estas señoras no hablan mucho más alto de lo normal, pero ese es el problema: a esas horas, en la calle, algunos idiotas timoratos bajamos el tono de voz para no fastidiarle el descanso a nadie.

 

Desde que los smartphones se han convertido en un apéndice más de determinados cuerpos (en algunos, la parte más inteligente), no faltan aquellos que no pueden caminar cien metros sin sincronizar sus pasos con la música de su móvil. Sin auriculares, por supuesto. Si no, ¿cómo sabríamos los demás que se han bajado ya lo último de Dani Martín?

La música ajena también se padece en la playa. Estás allí, tranquilo, relajado con tu libro, o simplemente observando cómo un gorrioncillo lucha contra su miedo para decidirse a ir a por una patata frita que ha quedado abandonada demasiado cerca de la toalla de un orondo señor, y a ambos, gorrión y tú, os sobresalta de pronto una música atronando a tal volumen que piensas que es del puto chiringuito, pero no, son dos tritones con sus dos sirenas que han acoplado el móvil a unos altavoces demoniacos.

Ah, los móviles, cuánto tenemos que agradecerles. Esa gente que puede estar todo el viaje en el tren deleitando al resto de pasajeros con los íntimos pormenores de sus conversaciones, sin ningún pudor y sin que se les pase por la cabeza irse al pasillo para tratar de no molestar a los que leen o miran dentro de sí por la ventanilla.

 

Y qué os cuento de las comunidades de propietarios con las que trabajo. Os podría relatar mil anécdotas, familias que se han visto obligadas a mudarse, otros que no han podido y tienen los nervios tan destrozados que han de consumir drogas con receta para dormir, para levantarse, para funcionar durante el día, para no coger una escopeta y hacerles unos respiraderos adicionales a sus vecinos como los que los garrulos hacen en los tubos de escape de sus motos para que se les oiga desde el pueblo de al lado.

Como pocos conocen lo que es el respeto y tienen la misma empatía que un champiñón, ante cualquier queja, por muy considerada y humilde que sea, o pasan o se escudan en una ley demasiado permisiva y una justicia desesperadamente lenta. «No es delito, denúnciame» (es que no se trata de eso), o «si no puedes dormir, múdate a un chalet en las afueras».

Los españolitos ridiculizamos las leyes suizas que impiden, por ejemplo, ducharse o tirar de la cadena después de las diez de la noche. Qué excéntricos los suizos, qué tiquismiquis, ya les vale, cuánta risa. Pues qué queréis que os diga, prefiero mil veces ese extremo del péndulo a este.

Hace años tenía un vecino alemán que siempre se refería a España con el elogioso calificativo de «el país del sol». Al hombre no le faltaba razón, pero si hubiera que ponerle una etiqueta, España sería más bien el país del ruido. De hecho, la OMS nos considera el segundo país más ruidoso del mundo, tras Japón.

¿Y si salimos a celebrarlo tirando unos cuantos petardos?

 

Si queréis desahogaros de vuestros propios problemas con el ruido, tenéis la sección de comentarios a vuestra disposición.

 

Imagen de cabecera: Andre (Flickr.com)

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25 sin mordaza

  1. Los Huntameintos son los primeros que incumplen las ordenanzas de ruido que ellos mismos crean. No hay más que ver el ruido que hacen los vehículos estos modernos de limpieza…Nunca he entendido eso de hacer leyes que los que las hacen saben perfectamente que no se van a aplicar, o hacer leyes sin crear los medios para que se apliquen.

    Afortunadamente algo se ha avanzado, y por ejemplo en Madrid, hay una unidad de la policia local especializada en ruidos, les llamas y diligentemente te miden con un sonómetro, cuando tienes problemas de ruidos creadas por una actividad. Aunque si pueden te invalidan las medidas ante cualquier presión de la actividad que las crea…

    Otras ciudades como Valencia siguen haciendo oidos sordos al ruido, permiten a bares seguir abiertos sin licencias de actividad, tener terrazas ilegales…

    Como siempre en este pais, parece que conseguir que se respeten tus derechos es en muchas ocasiones se convierte en toda una odisea. Es una cuestión de respeto, y también de que las administraciones públicas hagan su trabajo y estén a la altura.

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    1. Sí, claro, aparte de que seamos un país de gañanes, el ruido, como la corrupción, está permitido, e incluso diría que amparado desde la Administración. No te digo ya si la normativa afecta al bar, discoteca, lavadero o lo que sea del sobrino del político de turno. Entonces no queda sino batirse, digo mudarse.

      Twitter: @vota_y_calla

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  2. Gracias Salva:

    Está claro, que la gran mayoría de la gente, carecemos de la capacidad de entender, que cualquiera de nuestro actos, producen consecuencias a nuestros semejante, y lo que a mí me estimula y me alegra. Puede ser el germen que atormenta y molesta a otras personas.

    La falta de empatía y respeto hacia los demás, convierten nuestras vidas, en pesadillas y muchas veces en rencillas.

    Con tu aporte, sensibilizas, a ser más conscientes y respetuoso hacia los demás.

    A la vez servirá, para que nosotros transmitamos esos modales a los que nos rodean.

    Un Sal-U2

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  3. Yo tengo la suerte de vivir en el barrio ‘aburrido’ del pueblo. Al otro lado es donde la gente va a emborracharse, monta sus fiestas, va a los pubs, orina en cada puerta de cada edificio, etc. Para que te hagas una idea, el barrio es tan tranquilo que cuando hay fiestas de ‘Moros y Cristianos’ no me llega ni el sonido de la música. No por nada nos separa del resto del pueblo un largo puente xD.

    Eso sí, a veces intento imaginarme lo que debe ser vivir en aquellos bloques de edificios donde siempre está ‘la fiesta’ y lo cierto es que debe ser un infierno. Los vecinos han llegado al extremo enrejar las puertas para evitar que los borrachos orinen o vomiten en los escalones. Y eso por no hablar del profundo acto de fe que supone aparcar el coche en ese lugar un viernes o un sábado por la tarde. Si al día siguiente no te encuentras con un retrovisor arrancado por algún imbécil pasado de alcohol ya puedes sentirte afortunado.

    Por lo que has escrito, si vivieras en esa zona conflictiva de mi pueblo no durarías cuerdo ni una semana xD.

    PD. Lo llamo ‘pueblo’ por costumbre, pero tiene cerca de 40.000 habitantes.

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  4. Gracias por sacar el tema, Salva, pues es algo que me afecta en mi día a día.

    Yo tengo la teoría de que es una mezcla entre complejo de inferioridad que arrastran los españoles desde la época de los conquistadores, y ese egoísmo tan puramente español. Voy a hacer ruido, voy a gritar para llamar la atención, porque no puedo sobresalir en otra cosa. Y si molesta a alguien, que se ponga tapones, que yo voy a la mía y tengo derecho de hacerme notar.

    Realmente, lo del ruido y el ombliguismo de este país es preocupante. Yo mismo estoy ya desesperado cuando llega el verano, pues en mi casa no tenemos aire acondicionado en las habitaciones y duermo con la ventana abierta, que da a una zona comunitaria. Te explico:

    – El garrulo llamando al perro a silbido limpio a las 2 AM
    – El camión de la basura pasando y vaciando los contenedores a golpes alrededor de esa hora
    – La clásica moto cabrona dando acelerones en la rotonda (y yo deseando que se deje los sesos en una farola)
    – Los que vienen de fiesta y se despiden manteniendo una animada conversación a grito pelado a las tantas de la madrugada
    – El grupito de cuñados que se reúne en la terraza del bar de abajo chillando
    Y un largo etcétera.

    Sé lo de Suiza, y lo aplaudo, ojalá me saliera trabajo allí porque me iría encantado, estaría en mi salsa: clima frío, seriedad y civismo en vena. Y es que, aparte, también es obligatorio detener toda máquina ruidosa a la hora del mediodía para que sus conciudadanos puedan comer en paz!

    Luego saltan los “progres de pacotilla” diciendo lo de “prohibido prohibir”, etc… pero es que, joder, claro que hay que prohibir! Hay que prohibir, sobre todo en temas de civismo, para que esto no sea la ley de la jungla, porque tu derecho a hacer ruido acaba donde empieza el mío a descansar.

    Te dejo con un video de Sánchez Dragó que, a pesar de la repulsión que me causa este personaje, da en el clavo con el tema del ruido en España de manera admirable, y resume a la perfección cómo (y cómo no) me siento:

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    1. Jose habla ahí arriba de los «modernos vehículos de limpieza», y tú del camión de la basura. Dirá mucha gente que pobrecitos, que son trabajadores. Y es verdad que algo de ruido han de hacer por fuerza en el correcto desempeño de su labor, pero también lo es que deberían tratar de reducirlo al mínimo.
      En mi caso, pasan dos barrenderas a las siete de la mañana bajo mi ventana abierta, hablando entre ellas animadamente y arrastrando un recogedor metálico por la acera.

      Por lo que tengo entendido, en Suiza tampoco se puede hacer ningún tipo de obra en casa los domingos, a ninguna hora.

      En ese vídeo, Dragó me recuerda a ciertos artículos de Pérez-Reverte. Dejo sólo dos, de ejemplo:

      Sobre mochilas y supervivientes

      Hoy quiero ser francés
       

      Twitter: @vota_y_calla

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  5. ¿Ahora quién se ríe de la gente de pueblo, eh? Esa tranquilidad, ese poder hacer lo que quieras que nadie te molesta ni molestas a nadie. El poder mear en plena naturaleza sin preocuparte por salpicar. El silencio absoluto. Las estrellas. La tranquilidad

    Twitter: @MiguelNNGG

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    1. Genial, hasta que unos espabilados se sacan de la manga (la de la camisa, no la de Murcia) un Viña Rock que duplica tranquilamente la población. He llegado a ver un mojón de tamaño principesco en la acera donde se hace cola para entrar al festival, de los campos ni te cuento.

      PS: Si hay algún voyeur entre el público, alquilo ventanas el año próximo. Garantizamos que quedará satisfecho.

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  6. Es cierto que hay personas más sensibles al ruido que otras (Miguel, por ejemplo, asegura que puede dormir con una banda de tunos gaiteros rondándole bajo su balcón), pero se nos olvida que la continua exposición al ruido crea problemas de salud, que las orejas no tienen párpados; lo de GAES en la entradilla no lo he dicho por decir. Y además de la sordera, crea estrés, ansiedad… así va la gente por la calle como va, desquiciada.

    Aparte de la falta de respeto y de la permisividad de las administraciones públicas, no hemos hablado de otro factor esencial: la porquería de construcciones que se han hecho y se hacen deprisa y corriendo, en las que el aislamiento acústico es una cosa de ciencia ficción.

    Un saludo a Rekuer2, Nemo y Miguel.

    Twitter: @vota_y_calla

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    1. Deprisa, corriendo… Y ahorrando te faltó añadir.

      Con el ruido puedo, en cambio con el calor no. Súbeme un par de grados la temperatura y acabarás con mi plácido sueño. Los del norte no estamos acostumbrados a eso.

      Pd: ¿Cuánto te han pagado los de GAES por la publicidad?

      Twitter: @MiguelNNGG

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  7. Pingback: Menéame: España, el país del ruido

  8. Cuento una anécdota y ya lo dejo. Recientemente los ilusos – siempre de ilusión y desde el mucho cariño que les tengo – de Se Puede organizaron una asamblea para tratar de encontrar soluciones al problema del botellón. Invitaron a técnicos, vecinos, hosteleros y bacines diversos, hasta reunir a unos 70 paisanos. Con las normales discrepancias, la cosa discurría con bastante normalidad para ser un lugar sin vino ni cerveza que llevarse al gollete.

    Al cabo de un rato aparecieron unos baladres lejos todavía de sazón (pese a que uno de ellos podía calificarse de añejo), uno de los cuales se dedicaba a soltar improperios en voz alta con el apoyo de su claque. Pensé que debía sufrir el síndrome de Tourette el pobre, hasta que pidió la palabra y se adelantó a hablar. Ni recuerdo lo que dijo de tan anodino que debió parecerme, pero al finalizar gritó que él TENÍA DERECHO a escuchar música de los altavoces en el maletero de su coche.

    Y luego, incontinente,
    caló el chapeo, requirió la espada,
    miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

    Más tarde me dijeron que son empleados públicos militantes en un sindicato anarquista. No sabría decir si se trata de algo anecdótico o representativo del género, no conozco a tanto metijoso como anda suelto.

    NB1: Para quienes no hablen manchego, consultad la definición de baladre en el diccionario Tomellosero-Español.

    NB2: La referencia al maletero del coche de baladres entiendo que refiere a esa extraña fase del cortejo de los homínidos consistente en aparcar un coche en una zona residencial, abrir el maletero, y emitir por él sonidos angustiantes y sincopados a todo volumen mientras maman de botellas de color ámbar y miran insistentemente a las hembras. Por lo que yo sé jamás les ha funcionado, cosa de agradecer porque sin duda contribuye a la mejora evolutiva de la especie.

    NB3: Lo de la espada es metafórico, el gañán iba claramente desarmado, tanto en lo que a su intelecto se refiere, como al tahalí del que tan sólo colgaba un bolsito.

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    1. Eso mismo que comentas del maletero es lo que pienso yo siempre cuando los veo pasar con la música a tope y las ventanillas bajadas, mirando libidinosamente a cualquier mujer de entre 14 y 50 que se encuentre en la calle: ¿alguna vez les ha funcionado?, ¿alguna de ellas ha quedado impresionada al paso de uno de estos energúmenos y le ha seguido como si el del coche fuera el flautista de Hamelín? Entonces, ¿por qué insisten?
       
      Qué bueno tener por aquí al Quijote citando a su padre, jeje.
       

      Twitter: @vota_y_calla

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  9. trabajo de noche ya imaginais mi calvario a partir de las 10 de la mañana con un vecino reggetonero llevo meses sin dormir bien por culpa de ese vecino la musica a todo trapo desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde

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  10. Me alegro de haber leído ésto, porque vivir rodeado de gañanes e inconscientes que van por la vida tocando los c..laxones o berreando a la hora que sea o con pitbull a todo meter puede conmigo..y yo me pregunto, es que soy yo especialito o que?soy un rarito que le mola la tranquilidad?voy viejo ya con mi treintena o que está pasando?me alegra ver que no (sí, ya sé, mal de muchos…blablabla) En donde yo vivo cada noche RIEGAN literalmente la ciudad de arriba a abajo (una ciudad de 300.000 habitantes, con el consumo estratosférico de agua potable que eso conlleva -a pesar de ser una ciudad costera-) para ‘limpiarla’ de todos los mojones que dejan los perros de la gente incívica que no se para a recogerlos, haciendo un ruido cada noche considerable, donde si tenías la suerte de estar durmiendo ya te han despertado, con los Manolos gritándose de una punta de la calle a la otra ‘DALEEE’,’CORTAAA”ABREE”VALEEE’ cuando no estan comentando el partido del domingo..y después vienen los de la basura, y después las máquinas de las aceras….vale que hacen su trabajo pero mi queja es contra el ayuntamiento (no se podía hacer de otra forma?claro que sí, pero educar a la gente, comprar unos walkies y cambiar los horarios…cunde menos que contratar a la empresa de un ‘conocido’ para que despilfarre lo que quiera mientras me haga otro favor después) y por culpa de eso los curritos tenemos que dormir en tramos de 2 horas..en las cuales tenemos por el medio a todo tipo de gañanes de los anteriormente citados: el motorista d los c…el que pita a la hora q sea, el voceras, el borracho, el que va silbando a las 4 de la mañana, el hijop de el monopatín…y señores, esto es un sinvivir, por no decir un cachondeo. Estoy cada vez mas de acuerdo con lo dicho en el video que puso alguien por aquí de Sanchez Dragó, por que cada vez ME AVERGÜENZO MÁS DE SER ESPAÑOL, sí señores sí. Si ser Español es esto, además de lo que vemos cada día como que nuestro propio gobierno nos roba y volvemos a votarle o como que sólo nos importa el furbol, el gran hermano edición 237 o deleitàndonos viendo torturar animales… …QUE ME BORREN.

    He dicho.

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  11. Aviso a gente molestada por algún vecino por causa del ruido o cualquier otra causa. Lo mejor es llamar a la policía para que comprueben los decibelios permitidos. Porque puede ocurrir que te denuncien por amenazas ( falsas, claro ) sólo por advertir que están haciendo mucho ruido, hay gente rastrera, mentirosa y sin escrúpulos. Así pasas de molestado a molestador y en el juicio ya se verá si tienes suerte y no te la clava la ciega justicia. Es mi caso real, estoy denunciado y a la espera del juicio. TENED CUIDADO.

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    1. Hola, JG.

      Yo también pienso que lo mejor (después de intentarlo por las buenas con el vecino en cuestión) es llamar a la policía, pero en cuanto a comprobar los decibelios… Por aquí la policía ha respondido a las llamadas de varios vecinos que ellos no disponen de los aparatos necesarios para medir los decibelios. ¿Y entonces? Entonces, nada: van, si les apetece, y como mucho, además de llamar la atención a los ruidosos levantan informe de la visita, reflejando en el mismo lo que a ellos les ha parecido (si había mucho ruido o no), pero de un medidor de ruido que valga como prueba ante un juicio, nada.

      Insisto: aquí, sé que en todas partes no es igual.
       

      Twitter: @vota_y_calla

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  12. Bueno leo que somos muchos los damnificados por el egoismo egocentrismo y la mala leche incorporada que lleva la gente últimamente.

    En mi caso los interfonos son un algo extraño un ente, dispositivo, “parato”, artefacto alienígena que colocaron los constructores por algún motivo aún inexplicable para mis vecinos/vecinas.
    A grito pelao se llaman, eh!! Vecinos puerta con puerta desde la calle, malditos hijos de …
    Me voy a comprar un rifle de precisión con mira láser…

    Todo eso aderezado con las olas de calor que nos visitan este veranito y que animan a los susodichos a mantener su charleta hasta las 2 de la mañana, llamas a la urbana, se presentan y cuando se van la cosa continúa.

    En fin ni civismo ni educación hago lo que quiero cuando quiero porqué yo lo valgo deben pensar…

    Ah!! Recuerdos al de la puta moto que enciende y deja al ralentí, gracias macho por regalarme ese ruido

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  13. Nadie ha mencionado un clásico: las salas de espera de los ambulatorios. Sí, sí, esos sitios donde hay un cartel de “Silencio” bien grande (porque la gente que va se supone que está jodida) y donde más bien parece el bar Manolo, o el lugar de reunión de los parroquianos habituales para hablar de sus cosas, haciendo concursos de quién habla y ríe más alto. Pero lo peor no son los pacientes, lo peor son los propios médicos cuando salen de la consulta y tropiezan con un vecino: “CHEEEEEE PEPE! IEEEEEEE ! CHEEEEEEE!”

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